martes, septiembre 8, 2026
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Los Kennedy de La Paz: radicales que tomaron las armas contra Uriburu en 1932

Un puñado de hombres, dos hermanos estancieros y una madrugada de enero. Lo que ocurrió el 3 de enero de 1932 en la ciudad de La Paz, Entre Ríos, es uno de esos episodios que la historia oficial prefiere archivar en el fondo del cajón: una insurrección armada, romántica y casi suicida, protagonizada por radicales que todavía creían que los ideales valían más que los cargos.

Los hermanos Eduardo Roberto y Mario Kennedy, estancieros de La Paz con profundas convicciones radicales, tardaron dos años en planear el golpe. Cuando el general José Félix Uriburu derrocó en 1930 al presidente constitucional Hipólito Yrigoyen, los Kennedy no se resignaron. Tomaron contacto con correligionarios de otros pueblos, organizaron un grupo de entre 14 y 15 hombres armados y en la madrugada del 3 de enero asaltaron la comisaría local y la oficina de telegrafía de La Paz. El objetivo era claro: derrocar a la dictadura y restituir al presidente depuesto.

El tiroteo fue breve pero feroz. Las fuerzas policiales y de gendarmería, más numerosas y mejor equipadas, resistieron el ataque. La puntería de los Kennedy se convirtió en leyenda: cinco uniformados cayeron en el enfrentamiento. La respuesta del gobierno nacional no tardó: envió tropas por tierra, agua y aire, incluyendo siete aviones de guerra que bombardearon los montes entrerrianos donde se refugiaban los rebeldes. Fue uno de los primeros antecedentes de bombardeos militares sobre territorio continental argentino.

El plan original contemplaba apoyo coordinado desde Concordia y otras regiones. Ese respaldo nunca llegó. Desbordados y sin refuerzos, los Kennedy lograron romper el cerco y escaparon a caballo hacia el exilio en Uruguay. Perdieron todo lo que tenían en Argentina, entre otros bienes, una estancia de 7.000 hectáreas en La Paz.

Entre los civiles que simpatizaron con la gesta había un joven llamado Roberto Chavero, que el mundo conocería después como Atahualpa Yupanqui. El escritor Yamandú Rodríguez inmortalizó la hazaña en su libro de 1934 titulado «Los Kennedy». Hoy, la avenida de ingreso a La Paz lleva el nombre de los hermanos en su homenaje.

Cuando regresaron del exilio, los Kennedy no volvieron a Entre Ríos. Se radicaron en la vecina provincia de Corrientes, donde sus descendientes aún recuerdan la historia. Erick Kennedy, arquitecto y nieto de Mario Kennedy, el líder familiar, es uno de los que guarda viva esa memoria. Una historia que el radicalismo de hoy raramente nombra, quizás porque la distancia entre aquellos hombres que arriesgaron una estancia de siete mil hectáreas por sus convicciones y la dirigencia partidaria actual resulta, sencillamente, demasiado incómoda de medir.

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