Una vela encendida, una casa de madera y chapa, y ninguna luz eléctrica. Ese fue el escenario que el domingo terminó con la vida de una nena de seis años en Berisso, provincia de Buenos Aires.
La pequeña murió atrapada dentro de la vivienda precaria cuando el fuego se desató y no pudo escapar a tiempo. Según relató la madre, el incendio se habría originado por la caída de una vela encendida, el único medio de iluminación disponible en una casa que no contaba con suministro eléctrico.
La imagen es brutal en su sencillez: una familia sin acceso a la red eléctrica, obligada a alumbrarse con velas en pleno siglo XXI, y una nena que pagó con su vida esa carencia. No hay forma de suavizarlo. La precariedad no es un dato estadístico; tiene seis años, tiene nombre, tiene una madre que ahora tiene que explicar lo inexplicable.
¿Cuántas viviendas en condiciones similares hay en el conurbano bonaerense, en el norte entrerriano, en cualquier rincón del país donde la pobreza energética convive con el peligro cotidiano? La pregunta no es retórica: es urgente.
El hecho ocurrió en Berisso, localidad del Gran La Plata, y las autoridades bonaerenses tomaron intervención para determinar las circunstancias exactas del siniestro. La causa del fuego, según la versión de la madre, apunta a la caída accidental de la vela, aunque la investigación seguirá su curso para confirmar el origen del incendio.


