La polémica no tardó en llegar a los escritorios. Vélez Sársfield presentó formalmente ante el Tribunal de Disciplina de la AFA una protesta e impugnación del partido que lo enfrentó a Boca Juniors en los octavos de final de la Copa Argentina, denunciando una alineación indebida por parte del Xeneize. El Fortín pide que le otorguen la clasificación a cuartos de final y que se suspendan los efectos deportivos del triunfo xeneize.
El argumento de Liniers es concreto y documentado: “Boca Juniors incluyó en la planilla oficial del encuentro a seis futbolistas extranjeros cuando la normativa vigente establece un máximo de cinco habilitados para integrarla”. La evidencia, según el club, surge de la propia planilla oficial y de los registros del sistema COMET de la AFA.
El detalle técnico es el corazón del debate. En la planilla del partido dirigido por el Vasco Arruabarrena figuraron como titulares extranjeros Álvaro Montero (Colombia), Leandro Lozano (Uruguay) y Sebastián Villa (Colombia). En el banco aparecieron Carlos Palacios (Chile), Ángel Romero (Paraguay) y Enner Valencia (Ecuador). Eso suma seis. Quedan fuera del conteo Miguel Merentiel y Williams Alarcón, ambos con nacionalidad argentina reconocida.
La defensa de Boca es que Romero nunca pisó el campo de juego: el Xeneize utilizó efectivamente cinco extranjeros y no obtuvo ninguna ventaja deportiva. Pero ahí está el nudo: el reglamento no limita cuántos extranjeros pueden entrar a la cancha, sino cuántos pueden firmar la planilla. Si la norma dice cinco y firmaron seis, la infracción estaría consumada independientemente de los minutos jugados.
El caso cayó además en un contexto de alta tensión institucional, con el vínculo entre Claudio Tapia y Juan Román Riquelme bajo la lupa de más de un sector del fútbol argentino. Ahora es el Tribunal de Disciplina quien tiene la palabra: su resolución definirá si Boca avanza a cuartos de final o si Vélez logra dar vuelta un resultado que, en la cancha, se cerró en los penales.


