Una urna, un gesto concreto y una cifra que obliga a pensar: 500.000 lapiceras de insulina se usan por año en Paraná, y hasta ahora la gran mayoría terminaba mezclada con la basura domiciliaria. El Círculo Médico de Paraná decidió ser parte de la solución y se sumó al programa Ecoinsulina, una iniciativa que apunta a recuperar los componentes plásticos de estos dispositivos antes de que lleguen al relleno sanitario.
La medida es simple en su forma pero significativa en su alcance: la entidad habilitó una urna de recolección donde los pacientes con diabetes pueden depositar sus lapiceras de insulina ya utilizadas. Desde ahí, los dispositivos ingresan a un circuito de recuperación que evita que el plástico se pierda entre los residuos convencionales.
Quienes impulsaron la adhesión al programa lo definieron como “un paso importante para la ciudad”, y no es una frase vacía. Las lapiceras de insulina son dispositivos de uso cotidiano para miles de personas con diabetes en toda la provincia. Que terminen en la basura no es solo un problema ambiental: es el síntoma de una cadena de gestión de residuos sanitarios que todavía tiene enormes agujeros.
El programa Ecoinsulina busca precisamente cerrar esa brecha, articulando a instituciones médicas, pacientes y el circuito de reciclado para darle una segunda vida a los materiales plásticos de estos descartables. La incorporación del Círculo Médico suma un punto de recolección de peso en la ciudad, dado el volumen de pacientes que transitan por sus instalaciones.
La escala del problema en Paraná habla por sí sola: medio millón de dispositivos al año es una cantidad que, mal gestionada, representa toneladas de plástico contaminando el flujo de residuos domiciliarios. Cada lapicera depositada en la urna es un pequeño acto que, multiplicado, cambia la ecuación.


