martes, agosto 18, 2026
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Las metas del presupuesto 2026 que el gobierno nacional no cumplió

Las cifras no mienten, aunque a veces se las vista con maquillaje. El gobierno nacional llegó a mediados de 2026 sin haber cumplido ninguna de las metas centrales que él mismo fijó en el presupuesto para este año, y el balance es, cuanto menos, preocupante.

El punto más crítico está en las reservas del Banco Central. Lejos de la solidez que proclaman los voceros oficiales según el día y el interlocutor, los números de la propia autoridad monetaria muestran reservas netas en terreno negativo: menos 8.300 millones de dólares. El mecanismo para disimularlo es conocido: se incorporan dólares de crédito a la cartera del Banco Central y se los presenta como activos, cuando en realidad son pasivos que se deben devolver. Financiar la venta de dólares subsidiados con más deuda no es una política cambiaria; es un problema que se agranda solo.

Tampoco se alcanzó el superávit fiscal del 5% comprometido. La reasignación de partidas y los ajustes contables no lograron ni por aproximación la cifra prometida. En paralelo, el gobierno incumplió las metas acordadas con el Fondo Monetario Internacional, organismo que, pese a los desvíos, continuó otorgando nuevos créditos, lo que según analistas agrandará el peso de un eventual default.

En el plano institucional, tampoco se respetó la Ley de Financiamiento Universitario ni las partidas que el Congreso nacional asignó para atender a personas con discapacidad. Dos incumplimientos que tienen nombre y apellido: son familias y estudiantes concretos los que absorben el recorte.

La promesa política más resonante del arranque de gestión, aquella de que el peso del ajuste caería sobre “la casta” y no sobre la ciudadanía, tampoco resistió el contraste con la realidad. Los indicadores de empleo informal, poder adquisitivo y pobreza estructural siguen sin mejorar de manera significativa, y los mecanismos de actualización estadística permanecen desactualizados, lo que, según economistas críticos, subestima el verdadero impacto social de las medidas.

En el frente externo, la relación con Brasil, principal socio comercial de Argentina, acumula tensiones tras declaraciones y gestos que generaron rispideces diplomáticas. El vínculo con la Iglesia Católica también registró roces públicos que no contribuyen a la estabilidad del escenario político interno.

El panorama acumulado a esta altura del año es el de un programa de gobierno que prometió transformaciones estructurales y que, al cierre del primer semestre de 2026, no puede mostrar el cumplimiento de sus propias metas en ninguno de los indicadores clave que él mismo eligió como vara de medición.

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