Hay algo que no se puede apagar con un decreto ni con un recorte presupuestario: el arte que sucede, terco y enternecedor, en los rincones más inesperados. Mientras el cierre del Coro Nacional de Niños dejó una herida abierta en la cultura argentina, en las escuelas y en las ferias del libro la rosa sigue floreciendo, sin pedir permiso.
En la Feria del Libro de la SADE, un grupo de escritores empeñados en expandir ese espacio apostó a la palabra como territorio de resistencia. Pero el arte no esperó los grandes escenarios: también sucedió en la Escuela Juana Azurduy, durante una Jornada Escuela-Familia y Comunidad donde docentes como Vanesa, Vanina y Marianela convocaron a compartir la lectura como una frazada que cobija del frío. Ahí, en una biblioteca cálida con cielo plomizo y llovizna afuera, adolescentes se sacaron la piel del pudor y leyeron sus propias producciones en voz alta. Valentín, por ejemplo, convirtió el dolor en glosas poéticas que dejaron a más de uno sin palabras.
Porque la pregunta que vale hacerse es esa: ¿cuántos tesoros están guardados en los cuadernos de nuestros chicos, esperando un oyente? La respuesta, a juzgar por lo que pasó en esa ronda de lectura, es que son muchos más de los que imaginamos.
El arte también se desplegó en la Escuela José Gervasio Artigas, donde un grupo de alumnos trabaja en una representación teatral sobre la vida de Alfonsina Storni. El proyecto no es un simple homenaje: busca problematizar su historia y transformarla en herramienta de cuidado durante el mes amarillo, dedicado a la prevención del suicidio. La idea es imaginar otros modos de canalizar el dolor, otras salidas posibles para una mujer que escribía para no morir, que rompió con los moldes de su época y que hoy los jóvenes eligen recrear con respeto y creatividad.
El cierre del horizonte cultural desde arriba no logra apagar lo que crece desde abajo. Y la prueba más concreta es que el 24 de agosto se realizarán las Terceras Jornadas de Didáctica y Promoción de la Lectura “Borges Lee”, en la Escuela Jorge Luis Borges, consolidando un espacio que ya se va volviendo buen hábito. Docentes que se quedan, pibes que escriben, comunidades que se cuidan: eso también es política cultural, aunque no salga en los comunicados oficiales.


