México no termina de acomodarse. Este domingo por la mañana, un nuevo sismo de magnitud 5,2 sacudió la zona del océano Pacífico, al suroeste de Ciudad Hidalgo, en una región que queda muy cerca de la frontera con Guatemala.
El movimiento se produjo semanas después del terremoto de julio, que ya había puesto en alerta a las autoridades mexicanas y encendido la preocupación de la población en esa franja sísmica del país. La zona es históricamente una de las más activas del continente, donde la placa de Cocos y la placa norteamericana se rozan con una frecuencia que no da respiro.
Ante el nuevo evento, las autoridades activaron de inmediato los protocolos de monitoreo establecidos para este tipo de situaciones. Por el momento no se reportaron víctimas ni daños materiales de consideración, aunque el seguimiento continúa dado que la región acumula tensión tectónica desde el sismo previo.
Un 5,2 no es un número menor: en zonas urbanas vulnerables o con construcciones antiguas, esa magnitud puede generar daños. En este caso, la ubicación en el océano y la distancia de los centros poblados más densos jugaron a favor. Las próximas horas serán clave para confirmar que no hubo réplicas significativas ni efectos secundarios en comunidades costeras.


