La renuncia de Manuel Adorni a la Jefatura de Gabinete, en plena primera semana del Mundial de Fútbol, no produjo el efecto saneador que el entorno de Javier Milei esperaba. Dos meses después, el escándalo se apagó pero el problema de fondo sigue ahí, latiendo: la economía cotidiana no mejora y el relato oficial empieza a chocar con la realidad de los bolsillos.
Las cifras son contundentes. La consultora D’Alessio IROL-Berensztein registra que el 57% de los ciudadanos cree que su situación económica estará aún peor en el corto plazo. ARESCO lo mide en 58%. No es un dato menor: es la señal de que la narrativa del ordenamiento macroeconómico y el descenso de la inflación no está permeando en la percepción de la gente que llega justa a fin de mes.
El politólogo Federico Zapata, de la consultora Escenarios, pone el dedo en la llaga. Sostiene que los encuestados subrayan que la plata no alcanza para cubrir los gastos mensuales y que existe un enojo creciente que está erosionando lo que él llama la “paciencia estratégica” que el gobierno articuló desde su política de shock. Esa paciencia, advierte Zapata, tiene fecha de vencimiento, y de cómo el Gobierno maneje la transición hacia una mejora real en la vida cotidiana dependerá buena parte del éxito del proyecto de reelección.
En el frente comunicacional, el panorama tampoco es alentador. El reemplazante de Adorni, Adrián Ravier, amigo personal del Presidente, no logra instalar ningún tema en la agenda pública. Su único momento de visibilidad fue cuando deslizó en un streaming que el dólar podría trepar hasta $ 1.800, una declaración que probablemente no cayó bien en el despacho del ministro Luis Caputo. El vacío que deja Ravier está siendo ocupado, otra vez, por el propio Milei, que volvió a monopolizar la estrategia discursiva del Gobierno.
El Presidente había prometido, tras la derrota electoral de septiembre en Buenos Aires, que dejaría de insultar. No lo cumplió del todo, aunque desescaló. Estuvo contenido durante el verano y mientras el escándalo Adorni tuvo vida. Pero el triunfo de la Selección ante Inglaterra en el Mundial, que reactivó el debate por Malvinas y encendió las redes sociales, lo devolvió al centro de la escena. Es en ese universo digital donde Milei moldea su realidad, una realidad que con frecuencia difiere de lo que vive el ciudadano común en la calle. El desafío del Gobierno es cerrar esa brecha antes de que la paciencia social se agote del todo.


