La tierra como limite. Eso fue, en esencia, lo que plantearon los productores de Federación Agraria de Entre Ríos durante su Asamblea Anual Ordinaria, organizada por la filial Crespo. El mensaje fue claro y sin vueltas: rechazo contundente a la posible derogación de la ley que hoy limita la extranjerización de tierras en el país.
El debate no se quedó ahí. Los delegados también cuestionaron la eventual adhesión de Argentina al convenio UPOV 91 en materia de semillas, una iniciativa que, según sostienen, abriría la puerta al patentamiento de eventos de mejoramiento vegetal y, lo que más preocupa a los productores más chicos, eliminaría el derecho de uso propio de semillas. En criollo: el productor ya no podría guardar su propia semilla sin pagar un canon. Para el pequeño y mediano productor entrerriano, eso no es un detalle menor, es una amenaza directa a la rentabilidad.
La asamblea también puso sobre la mesa dos de las economías regionales más sensibles de Entre Ríos: el arroz y la citricultura. Productores de ambos sectores expusieron una situación que no tiene mucho maquillaje posible: falta de rentabilidad e incertidumbre sobre el futuro. Dos actividades que dan trabajo y sostienen comunidades enteras en el noreste entrerriano, hoy con el agua al cuello.
A eso se sumó la denuncia por la presión fiscal que, según los federados, sigue siendo insostenible para el sector, y las dificultades para acceder al financiamiento, una combinación que golpea especialmente a los pequeños y medianos productores. No es una queja nueva, pero el tono con que se planteó en esta asamblea sugiere que la paciencia tiene un límite.
En el plano institucional, la asamblea ratificó la postulación del productor arrocero Luciano Challio como director del Distrito III de Federación Agraria Argentina. También fueron confirmados Gastón Velásquez y Lucero Kuhn como coordinadores de la Juventud Federada, un guiño a la renovación generacional dentro de la entidad.
Los federados entrerrianos cerraron el encuentro reafirmando el compromiso de sostener la producción y aportar al desarrollo económico de la provincia y del país. El desafío, como siempre, es que ese compromiso encuentre eco en las políticas que se definen lejos del campo.


