Un rechazo contundente y sin medias tintas. Federación Agraria de Entre Ríos se pronunció en contra del proyecto oficial que busca derogar la Ley de Tierras, la norma que pone límites a la extranjerización del suelo productivo argentino. La posición quedó plasmada durante la Asamblea Anual Ordinaria de la entidad, donde los pequeños y medianos productores entrerrianos dejaron en claro que no están dispuestos a mirar para otro lado mientras se debate el futuro de la tierra.
La ley en cuestión regula la cantidad de hectáreas que pueden quedar en manos extranjeras en el territorio nacional. Derogarla implicaría abrir la puerta a una concentración de tierras en manos foráneas que, para organizaciones como Federación Agraria, representa una amenaza directa a la soberanía alimentaria y al modelo de agricultura familiar que defienden históricamente. El debate no es nuevo, pero la decisión del gobierno nacional de impulsarlo le da una urgencia que la entidad no quiso ignorar.
Pero la tierra no fue el único frente de batalla en la asamblea. Los productores también cuestionaron con dureza la adhesión al convenio UPOV 91, un tratado internacional sobre propiedad intelectual de semillas que, según sus críticos, restringe el derecho de los agricultores a guardar y reutilizar sus propias semillas. Para Federación Agraria, sumarse a ese esquema equivale a ceder soberanía sobre uno de los insumos más básicos del trabajo en el campo.
A eso se le sumó el reclamo de siempre, el que no desaparece de ninguna asamblea agraria: la presión fiscal. La entidad la calificó de “insostenible” y exigió medidas concretas de alivio para un sector que produce con márgenes cada vez más ajustados. La falta de financiamiento accesible para pequeños y medianos productores completó el cuadro de situación que la organización puso sobre la mesa.
El mensaje de Federación Agraria Entre Ríos es claro: en un momento en que el gobierno nacional avanza con una agenda de desregulación profunda, el sector agrario de la provincia no está dispuesto a aceptar en silencio cambios que consideran perjudiciales para la producción familiar y para el control soberano del territorio. La asamblea funcionó como un termómetro del estado de ánimo del campo entrerriano, y la temperatura que marcó no es precisamente tibia.


