La final del Mundial 2026 todavía no empezó y Emiliano “Dibu” Martínez ya metió un golpe de efecto. En la conferencia de prensa previa al partido decisivo frente a España, el arquero de la selección argentina admitió algo que pocos esperaban escuchar: viene jugando con una lesión y decidió postergar una cirugía para no perderse el torneo.
La revelación sacudió la previa. No es menor: el mejor arquero del mundo eligió aguantar el dolor, diferir la operación y ponerse bajo los tres palos con el cuerpo al límite. Una apuesta personal enorme, del tipo que no se toma a la ligera.
Pero Dibu no se quedó ahí. También habló de la presión, ese peso invisible que aplasta a muchos en los momentos más grandes. Su respuesta fue directa: “la presión no le pesa”. No lo modifica, no cambia su personalidad, no lo saca del lugar que construyó partido a partido desde que empezó a ser el muro infranqueable de la Selección Argentina.
Es difícil no creerle. El historial habla solo: la final de la Copa América, los penales en Qatar, las actuaciones que lo convirtieron en leyenda antes de los cuarenta. Martínez tiene una relación particular con los momentos de máxima tensión: los busca, los disfruta, los convierte en combustible.
La final ante España se presenta como el escenario más exigente posible. Un duelo de estilos, de generaciones, de escuelas futbolísticas. Y en el arco argentino estará un hombre que eligió el quirófano después, no antes, porque para él no había otra opción que estar ahí.
El partido definirá si Argentina se queda con una segunda estrella mundialista consecutiva. Martínez, lesión incluida, será una de las piezas clave de esa historia.


