Otro caso que no cierra y que vuelve a poner sobre la mesa una serie que nadie sabe cómo explicar. En un establecimiento rural cercano a Hernández, en el departamento de Nogoyá, un productor encontró una vaca muerta con características que lo dejaron sin palabras: cortes precisos, sin rastros de lucha, sin huellas, sin nada que oriente hacia una causa lógica.
El dueño del campo fue el primero en dar la voz de alarma. Según su relato, el animal presentaba mutilaciones con un nivel de exactitud que no condice con un ataque de depredadores ni con ningún accidente conocido en el ámbito rural. La ausencia total de indicios en el terreno circundante profundiza el misterio: no había sangre derramada en el suelo, no había marcas de arrastre, no había nada.
Este tipo de casos no es nuevo en Entre Ríos ni en el resto del país. La mutilación de bovinos con cortes de precisión quirúrgica es un fenómeno que se repite periódicamente en zonas rurales de la Argentina y que hasta ahora no tiene una explicación oficial consolidada. Las hipótesis van desde rituales, pasando por experimentos clandestinos, hasta las más especulativas vinculadas a fenómenos inexplicables. Ninguna ha sido probada de manera concluyente.
Lo que sí es concreto es el daño económico y el impacto psicológico que estos episodios generan en los productores. Perder un animal de manera inexplicable, sin poder determinar qué pasó ni cómo prevenirlo, instala una sensación de vulnerabilidad difícil de sacudir en el trabajo cotidiano del campo.
Por el momento, el caso de Nogoyá quedó registrado como un nuevo episodio sin resolución. Las autoridades locales no informaron si se iniciaron actuaciones judiciales ni si se realizaron pericias sobre el animal.


