La historia, cuando se repite, no avisa. Y los trabajadores rurales la conocen de memoria: ganancias que suben, sueldos que no. El mismo tango de siempre, con distinta orquesta.
José Voytenco, Secretario General de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE), salió a poner sobre la mesa una realidad que el campo produce pero prefiere no mostrar: los asalariados rurales vienen perdiendo contra la inflación hace tres años, y la única respuesta que reciben de las patronales es silencio, dilación y cero aumento.
El reclamo no es nuevo, pero la urgencia sí tiene fecha. Hace más de un mes y medio, UATRE formalizó una propuesta de recomposición salarial ante las principales entidades empleadoras del sector. La respuesta fue un portazo disfrazado de tecnicismo: las cámaras patronales se niegan a reconocer aumentos retroactivos para junio, porque eso implicaría reliquidar el aguinaldo sobre sueldos que ya deberían haber sido actualizados. Un círculo vicioso que el trabajador paga con el bolsillo.
Voytenco lo dice sin eufemismos: no se trata de actualizar, sino de recomponer. La diferencia no es semántica. Actualizar es seguirle el paso a la inflación; recomponer es recuperar lo que ya se perdió. Y lo perdido, en este caso, acumula tres años de desvalorización que ningún porcentaje modesto va a saldar.
La situación se complica además por el nuevo marco que dejó la reforma laboral: la eliminación de las resoluciones del organismo tripartito de la Comisión Nacional de Trabajo Agrario (CNTA) y su reemplazo por acuerdos directos entre el gremio y las patronales. En teoría, más agilidad. En la práctica, según el propio secretario general, una burocracia nueva que traba más de lo que facilita y que deja al trabajador rural con menos respaldo institucional en la mesa de negociación.
Y no es un trabajador cualquiera el que está en juego. El empleo rural arrastra consigo vivienda, educación, arraigo en parajes alejados y el cuidado de la familia. Cuando un peón rural acepta condiciones desfavorables, no solo resigna plata: resigna su modo de vida entero. Esa es la presión que opera sobre cada firma de convenio, y que las patronales conocen perfectamente.
Voytenco evocó el histórico gesto de Saúl Ubaldini en 1986, cuando en plena escalada inflacionaria mandó al gobierno a escuchar el tango Acquaforte, donde el patrón negaba el aumento mientras hacía ostentación de su riqueza. Cuarenta años después, la ironía sigue vigente. La negociación continúa abierta y UATRE sostiene que no bajará los brazos hasta lograr una recomposición que refleje tanto la variación de precios acumulada como el valor real de la producción agropecuaria actual.


