La guerra sigue encendida en el tablero del Medio Oriente: Israel afirmó que la misión contra Irán no terminó y le tiró una advertencia directa a Hezbollah. El mensaje salió de la boca de Israel Katz, ministro de Defensa, y cayó en medio de un país que todavía no terminó de resolver su gobierno. Jerusalén volvió a sonar a alerta, con la sensación de que el conflicto regional no se apaga solo.
En una ceremonia en Jerusalén, dedicada a soldados israelíes muertos en un ataque de 1956 contra Egipto, el ministro fue directo: “En lo que respecta a Irán, la misión aún no está completa”. Según su versión, Teherán procura retomar su programa atómico y suma otros esfuerzos que, dijo, colocan a Israel en un peligro real. Irán niega esas acusaciones desde hace años. La frase no fue decorativa: dejó la puerta abierta a una nueva escalada.
Katz también apuntó a Hezbollah: si el movimiento libanés decide unirse a Teherán en un ataque, “sufrirá golpes extremadamente severos”. Además, sostuvo que las tropas israelíes no se retirarán de las zonas de seguridad que mantiene en Gaza, el sur del Líbano y el sur de Siria. En el sur de Siria, Israel reforzó su presencia desde la caída de Bashar al Asad, en diciembre de 2024. Ahí el mensaje fue claro: la presencia militar sigue, y no parece haber prisa por soltar el control.
Las declaraciones llegaron en un momento delicado: tras las elecciones del 27 de octubre, el bloque de Netanyahu perdió la mayoría parlamentaria. El presidente Isaac Herzog anunció que encargará a Gadi Eisenkot, líder del partido Yashar, la formación del próximo gobierno. La entrega formal del mandato será este domingo a las 17:00 hora de Israel, 12:00 en Argentina. Eisenkot tendrá 28 días para armar una coalición, con una posible prórroga de 14 más.
Herzog explicó que los partidos que suman 67 de los 120 diputados recomendaron a Eisenkot, mientras que los que suman 46 apuntaron a Netanyahu. Ninguno alcanza los 61 escaños necesarios para gobernar solo. Eisenkot, ex jefe del Ejército, advirtió a los militares que Netanyahu no tiene mandato y que no debe llevar al país a la guerra por necesidades políticas. Aun así, él mismo respaldó en gran medida las decisiones bélicas del primer ministro.
El fondo del conflicto sigue igual: Israel y Estados Unidos lanzaron una ofensiva contra Irán el 28 de febrero, con el argumento de eliminar la amenaza existencial que, según Israel, suponen sus programas nuclear y balístico. La pelea se extendió al Golfo, Líbano y Yemen, y más de ocho meses después todavía hay gestiones diplomáticas. Qatar media desde hace semanas en negociaciones indirectas entre Teherán y Washington.
El canciller iraní, Abás Araqchí, dijo haber hablado con 12 homólogos en 48 horas, un dato que muestra la velocidad de la diplomacia. Donald Trump habló de “muchos avances”, aunque la tensión no bajó: Estados Unidos realizó nuevos ataques limitados contra defensas antiaéreas iraníes en la isla de Qeshm. Irán afirmó haber derribado un dron MQ-9 estadounidense.
El tablero quedó con dos riesgos: uno militar, con Hezbollah y las zonas de seguridad; otro político, con un gobierno que todavía no se conforma. Si la diplomacia no logra contener el fuego, la advertencia de Katz no suena a retórica. En el Medio Oriente, cada palabra pesa, y cada silencio también puede ser una señal de lo que viene.


