sábado, noviembre 7, 2026
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El Papa en Montevideo: «Nadie debería llegar a sentirse extraño entre los suyos»

«Nadie debería llegar a sentirse extraño entre los suyos»: la frase del papa en Montevideo no fue un detalle menor. La primera escala de el papa en Sudamérica cayó en la Plaza de la Independencia, con miles de personas mirando y el presidente uruguayo Yamandú Orsi escuchando antes de que el pontífice hablara. El mensaje fue directo: la vida, la salud y la convivencia no son temas para guardar en un cajón.

Ante el monumento de José Gervasio Artigas, en el centro de la plaza, el papa subrayó que el carácter laico del Estado debe garantizar un espacio donde creyentes y no creyentes convivan con libertad y respeto. También dejó claro que esa neutralidad no obliga a encerrar la dimensión religiosa en lo privado. En un país donde cerca del 40 % de la población se declara no creyente, la advertencia pesa.

El punto más duro llegó cuando habló de suicidio. Uruguay registra la tasa más alta de Latinoamérica, con 19,16 muertes por cada 100.000 habitantes, según datos de 2025 del Ministerio de Salud Pública. El papa pidió que la atención sanitaria, los vínculos familiares y la cercanía de la comunidad no se separen: nadie debería llegar a sentirse extraño entre los suyos. En una sociedad que avanza rápido, esa frase suena a alarma y a pedido de fondo.

En un país donde recientemente se legalizó la eutanasia, el pontífice no entró en choque, pero sí trazó una línea: la Iglesia quiere colaborar para aliviar el dolor cuando es posible y sostener a la persona cuando ese dolor no puede eliminarse. Ahí está el tono: no grito, no imposición, sino una apuesta por el cuidado. El mensaje no fue menor, porque el dolor no se resuelve con discursos, sino con presencia, medicina y acompañamiento.

El papa también habló de infancia, educación y trabajo. Dijo que la formación debe abrir oportunidades concretas para incorporarse a la vida laboral, poner en práctica lo aprendido y adquirir autonomía mediante el propio esfuerzo. Y frente a la inteligencia artificial y los cambios tecnológicos, advirtió que el trabajador no puede quedar reducido a una pieza prescindible dentro del proceso productivo. La pregunta queda en el aire: ¿qué sociedad estamos construyendo cuando la tecnología avanza y la persona queda atrás?

El dato personal no pasó desapercibido: el 13 de octubre, el papa fue operado por un tumor maligno y le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho. Lo usó para recordar que la enfermedad impone limitaciones y que muchos no pueden acceder a un diagnóstico oportuno ni a los tratamientos que necesitan. Por eso, defendió una atención sanitaria al alcance de cada persona, independientemente de sus recursos. La fragilidad, dijo, no borra el valor de la vida, sino que hace más urgente la asistencia.

La visita en Montevideo dejó un mensaje claro: el papa puso sobre la mesa la vida, el suicidio, la salud pública y la necesidad de cuidar a los más débiles en una sociedad cambiante. La primera escala en Sudamérica no fue solo religiosa: fue también un llamado a atender lo que duele y lo que se puede prevenir.

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