San José no pide permiso: Elbio Woeffray, presidente de la Asociación Civil Empresaria Alejo Peyret, lo dijo con una frase que queda: “Que nuestros hijos no tengan que irse a buscar trabajo”. No es un eslogan suelto ni una frase para la foto. Es el corazón de una apuesta productiva que se discute en la Bienal de San José, con más de 100 empresas y 1.700 inscriptos.
Esa cifra no es un número de vitrina. Más de 100 empresas y 1.700 inscriptos muestran que hay movimiento, presencia y expectativa. En un contexto donde el empleo sigue siendo la pregunta de fondo, la Bienal de San José aparece como un termómetro: no mide solo negocios, mide ganas de quedarse. Y eso, en una provincia que todavía pelea por retener a su gente, no es poca cosa.
Woeffray no se quedó en el dato. Reivindicó la historia productiva de San José y planteó el desafío de generar oportunidades laborales en Entre Ríos. Ese recorrido le da peso a la idea de que el trabajo no debería ser una lotería. Si el lugar produce, si hay empresas que participan, entonces la pregunta no es si se puede, sino por qué todavía se va. Y la respuesta no está en el cielo: está en la mesa de trabajo.
El planteo es más grande que un evento. Habla de oportunidades laborales en Entre Ríos, de que el trabajo no tenga que ser una fuga. Si vos querés que el hijo se quede, el puesto tiene que estar cerca. No es nostalgia: es una advertencia sobre el costo de no generar empleo. Porque cuando el trabajo escasea, se lleva consigo el proyecto de vida, la familia, el comercio, la escuela y el futuro.
Ahora, ojo: el color no está en las palabras, está en la responsabilidad. Si se habla de más de 100 empresas, hay que preguntar qué hacen después de la Bienal. Si se habla de 1.700 inscriptos, hay que ver cuántos contratos, cuántas capacitaciones y cuántas puertas se abren. La Bienal no es un final: es un punto de partida que exige seguimiento, compromiso y resultados. Y eso no se resuelve con un discurso, sino con política pública y con la voluntad de quienes mandan.
No es casual que la frase aparezca en un evento productivo. La Bienal de San José no es una feria de artesanías ni un acto protocolar: es un encuentro donde las empresas se sientan, se miran y negocian. Y en ese marco, Woeffray eligió no hablar de cifras frías, sino de lo que esas cifras significan para una familia. Porque al final, un inscripto no es un número: es un hijo que quiere quedarse.
La frase de Woeffray queda flotando como un espejo. Que nuestros hijos no tengan que irse a buscar trabajo no es un deseo tibio: es una exigencia. San José lo planteó con nombre, apellido y número. Lo que falta ahora es que Entre Ríos responda con hechos, no con aplausos. Y que el próximo dato que se cuente no sea cuántos inscriptos hubo, sino cuántos puestos se generaron.


