Se fue a los 69, con la vida política de Gualeguay metida en el cuerpo y la camiseta del PJ todavía en la memoria de todos los que lo conocieron. No fue una partida silenciosa: fue la de un nombre que pesa, que construyó, que estuvo. Y en política, eso no se olvida.
Carlos Horacio Gálligo falleció este martes, tras atravesar problemas de salud. No fue un nombre de archivo: fue presidente del PJ de Gualeguay, candidato a intendente y futbolista. Tres roles que lo cruzan con la historia de la ciudad y con la construcción del peronismo local. Tres roles que no se olvidan, que se recuerdan, que se cuentan en las reuniones y en las calles.
Gualeguay pierde a uno de los que construyó la estructura peronista con nombre y apellido. No se trata de inflar la figura, sino de reconocer que la política se hace con personas, con presencia, con historia. Y en una ciudad donde el debate nunca se apaga, perder a un dirigente de esa trayectoria es perder una referencia, un lazo, una forma de entender la militancia. Es perder un eslabón de la cadena, un nombre que se menciona, que se recuerda, que se respeta.
¿Cuántos dirigentes de esa envergadura quedan en el mapa provincial? La pregunta no es menor. Carlos Horacio Gálligo se va en una etapa donde la salud ya no se negocia, y su partida obliga a mirar el presente con otra lupa. En política, las despedidas también son un termómetro: muestran quién era, quién lo acompañó y qué lugar dejó vacante. Y ese lugar, en Gualeguay, no es cualquiera. Es un lugar que se construyó con tiempo, con esfuerzo, con historia.
El peronismo de Gualeguay no se entiende sin nombres propios. Gálligo fue uno de esos nombres: presidente del partido, candidato a intendente, futbolista. Un recorrido que mezcla la militancia, la gestión y la vida social. No se trata de un personaje de vitrina, sino de uno que pasó por la política con nombre y apellido, con presencia, con historia. Con los pies en la tierra y la mirada puesta en lo que venía. Con la camiseta puesta, en todos los sentidos.
Se va a los 69, con la partida que deja un vacío que no se llena fácil. Gualeguay pierde a uno de los suyos, y el peronismo local pierde a un nombre que pesa. La memoria hace el resto: lo que se construyó con nombre y apellido no se borra con una partida. Queda la historia, queda el recuerdo, queda la ciudad que lo tuvo y que ahora lo despide. Queda un nombre que, en Gualeguay, no se olvida.


