lunes, octubre 19, 2026
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León XIV presidirá la audiencia general y evitará un viaje de rutina

El Vaticano vuelve a respirar con normalidad, pero con la prudencia de quien sabe que el cuerpo también manda. León XIV seguirá su recuperación en el Palacio Apostólico y el próximo miércoles volverá a presidir la Audiencia General en la Plaza de San Pedro.

La señal es clara: el pontífice no abandona el escenario, pero tampoco se expone innecesariamente. Permanecerá en el Vaticano y no viajará esta semana a Castelgandolfo, a unos 30 kilómetros de Roma, como solía hacer antes de su operación para descansar la tarde del lunes y el martes.

El antecedente médico es de peso: el 13 de octubre fue intervenido en el hospital Gemelli de Roma por un adenocarcinoma, un tipo de cáncer, y en la cirugía le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho. Se trata de una operación que no admite improvisaciones y que, por eso, obliga a una lectura serena de cada paso.

La recuperación, al menos hasta ahora, mostró señales favorables. El sábado recibió el alta hospitalaria y regresó al Vaticano, donde el domingo volvió a presidir el rezo del ángelus. Ahí mismo, el propio León XIV explicó que, una vez superada la etapa “delicada” de la operación, retomará gradualmente sus actividades.

El dato de la edad importa: el pontífice estadounidense-peruano tiene 71 años y una cirugía sobre el pulmón derecho no es un detalle menor. En un momento así, cada acto público también es una señal: no de debilidad, sino de continuidad. El Vaticano evita los gestos innecesarios, pero no borra la presencia del pontífice.

La agenda no se detiene, pero se ajusta. Además de la audiencia general del miércoles, se prevé que el papa reciba el jueves o viernes a los participantes del Congreso Internacional sobre la Pastoral Escolar y Universitaria, que se celebrará los días 22 y 23 de octubre en el Aula Pablo VI del Vaticano.

El lema del encuentro, “Trazando nuevos caminos de esperanza”, no parece casual en medio de una recuperación que combina fe, medicina y prudencia. La imagen que llega desde Roma es de un pontífice que no se detiene, pero tampoco se fuerza: avanza, se cuida y mantiene el pulso de una institución que vuelve a mirar al mundo con normalidad, aunque con la cautela de quien sabe que el cuerpo también manda.

La pregunta que queda en el aire no es si el papa volverá a mostrarse, sino cómo lo hará: con pasos medidos, sin prisa y con la certeza de que la recuperación también es parte del mensaje.

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