domingo, octubre 18, 2026
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«Nada de eso fue un error»: la lectura dura sobre el plan nacional

«Nada de eso fue un error». No te creés la excusa del error. La frase, atribuida a Coty en una lectura dura del presente, enciende un debate que ya no se sostiene con medias tintas. Responsabilidad y resistencia aparecen en el centro de una discusión que atraviesa la política argentina.

El argumento de la lectura es simple y explosivo: cuando el capital no encuentra ideas para responder a la ciudadanía, recurre a medidas totalitarias para proteger sus privilegios. Para eso, según esa mirada, necesita mascarones de proa: Milei en Argentina, Bolsonaro, Keiko Fujimori en Perú, Macron en Francia y Merz en Alemania.

Si no puede avanzar por elecciones «camufladas» y direccionadas por el secuestro del sujeto cognitivo que ejercen los medios, entonces fabrica conflictos armados, apoyado en una superioridad bélica y económica imposible de contrarrestar. El resultado, en esa descripción, es un caos organizado.

Para el capitalismo, esa salida sería una fuga hacia adelante: la espalda de las potencias más grandes les permitiría sobrevivir y negociar los espacios en disputa del nuevo orden mundial. Más temprano que tarde, según esa lectura, ese orden se avecina.

La mirada hacia Argentina es más dura: el país participaría de una decadencia inexorable, con errores propios y ajenos, y con una parte de la sociedad conservadora que, según la opinión, fue y es cómplice del saqueo. Ese saqueo, sostiene, fue anunciado mucho antes de las elecciones de 2023 y se consumó en forma artificial con el salvataje del Tesoro de EE. UU. en las elecciones de medio término.

La comparación es tajante: no fue un remedio, sino una aspirina para el cáncer político, social y económico que estaría sufriendo el país. Nadie, en esa lógica, puede hacerse el distraído alegando que desconocía lo que iba a suceder.

La descripción de estos dos años y pico es oscura: entre opresores y oprimidos, la asimetría entre poder y verdad habría regido la sociedad. En tiempos de oscuridad, se exhibiría la crueldad hacia los más vulnerables y el goce de quienes así proceden, hasta naturalizarlos como un exceso de la política.

«Ensayo y error» no alcanza para explicar el daño. Quienes, según la opinión, conocieron y sufrieron este horror contra la ciudadanía y contra la Patria, no pueden sostener un optimismo injustificado cuando hay una entrega descarada del patrimonio estatal. Eso, para la mirada crítica, sería una muestra de egoísmo social.

La conclusión de la lectura es que la resistencia debe ser asociada: estudiantes, jubilados, obreros, civiles independientes, todos en una unidad orgánica. No sirve la excusa de haber sido engañados, porque la mayoría sabía de qué se trataba.

La frase «Nada de eso fue un error» apunta a un plan preconcebido en otros escritorios. En esa versión, el plan económico de la motosierra fue instrumentado por el FMI, y el banco J. P. Morgan les indicó los miembros del gabinete. El resultado, dice la opinión, está a la vista.

No te creés la excusa del engaño: el debate también es político. Quien es engañado, según esa lectura, no se sabe engañado, no lo quiere saber o no lo quiere aceptar. Y también funcionó el anti, seguido de un deseo o pulsión y atracción hacia el engaño.

La discusión se instala en el corazón de la política argentina: si el daño fue un accidente o un diseño, si la sociedad fue víctima o partícipe, y qué tipo de unidad puede construirse frente a un presente que, para muchos, ya no admite explicaciones simples.

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