domingo, octubre 18, 2026
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El seguro de desempleo subió 29,4% y la desocupación llegó a 7,9%

Los números del empleo volvieron a golpear la puerta de la economía argentina. Si vos mirás el período entre enero y septiembre de 2026, más de 145.000 trabajadores comenzaron a cobrar la prestación por desempleo. Esa cifra representa un 29,4% más que en el mismo período del año pasado.

El dato no es menor: habla de una pérdida de empleos que ya se sintió en industria, comercio y construcción. No es un ajuste puntual, sino un proceso que empuja a miles de trabajadores hacia la prestación por desempleo. Y cuando el empleo se debilita, el consumo también se resiente.

Acá aparece el segundo golpe: el beneficio perdió poder adquisitivo frente a la inflación. Es decir, aunque más personas accedan al seguro, el monto no alcanza a compensar la suba de precios. El resultado es una red de contención que se estira, pero que no evita la presión sobre los ingresos.

La desocupación llegó al 7,9%, un nivel que obliga a mirar con lupa el estado del mercado laboral. No es solo un número macro: detrás hay familias que ajustan el gasto, postergan decisiones y buscan cómo llegar a fin de mes. Ahí se nota el peso real de la pérdida de empleo.

¿Qué pasa cuando el seguro crece casi un 30% en un año? Que más familias necesitan ayuda, que el mercado laboral muestra una grieta difícil de tapar y que la pérdida de empleos en los sectores señalados no es un detalle menor: es el termómetro de una economía que todavía no logra sostener el ingreso de los trabajadores.

El cierre es claro: más personas cobrando el seguro, una desocupación en 7,9% y un beneficio que pierde frente a la inflación. Si el empleo no se recupera, la presión va a seguir latiendo en los hogares y en la economía. Ahí está el desafío: convertir el dato en política laboral concreta.

También pesa la lectura política: cuando el seguro crece, no es solo una variable estadística. Es una señal de que el empleo se está debilitando y de que la contención social se vuelve más cara. Si la inflación sigue mordiendo el poder de compra, la política económica va a tener que decidir entre sostener el ingreso de los trabajadores o dejar que el ajuste se sienta en la mesa de cada familia.

El dato, entonces, no puede leerse con indiferencia. Más seguro, más desocupación y menos poder adquisitivo: la combinación habla de una economía que todavía no logró estabilizar el empleo.

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