En Puerto Paranacito, el chirrido metálico de las compuertas de las barcazas rompe el silencio. Son cerca de las nueve de la mañana y las primeras embarcaciones con hacienda llegan por el canal. Vienen desde las islas del Delta del Paraná, donde los ganaderos iniciaron una carrera contra el tiempo para retirar sus animales antes de que el agua avance sobre los campos.
En tierra firme, los esperan camiones, trabajadores rurales y los dueños del ganado, que llegaron hasta acá para asegurarse de que cada animal continúe su viaje. Lo que se ve es el éxodo de una actividad sujeta a los vaivenes del río, donde la amenaza del agua obliga a sacar la hacienda con urgencia.
La primera embarcación trae los animales de la familia Vitali, productores de Nogoyá que desde hace generaciones se dedican a la ganadería. Según prevén, en los próximos días los campos de islas podrían quedar bajo más de un metro de agua, con las pasturas que alimentan al ganado completamente sumergidas. Por eso retiran la hacienda de manera preventiva, antes de que la crecida les impida sacarla y provoque mayores pérdidas.
El barco se acerca a la costa y comienza una operación que exige paciencia, coordinación y cuidado. Los animales descienden por una rampa y avanzan hacia los corrales. Allí son separados y organizados para subir a los camiones que esperan su turno.
“Esto me ha quitado noches sin dormir. Lo que me quitaba el sueño era que se me venía el agua encima y después no sabía adónde ir con la hacienda”, dijo Juan Emilio Vitali, un productor que conoce de memoria las dificultades de trabajar en las islas. Aquí, cada movimiento requiere atención. Estar desamparado no es una frase: es depender del barco, de los corraleros, del corral y de que no se te salte un novillo.
“Cuando tenés las comodidades, no hay problema. Pero cuando tenés que depender de los demás, del barco, de traer a los corraleros, de cómo está el corral, de que no se te salte un novillo y tengas que atajarlo, estás desamparado. Ahora puedo decir: llevo la hacienda, la descargo y sé que está segura”, señaló.
Según datos proporcionados por los gobiernos de Entre Ríos y Corrientes, en las islas correntinas hay 67.000 animales, de los cuales alrededor de 19.000 ya fueron retirados.
En territorio entrerriano, la hacienda en las islas suma 211.000 cabezas, pero, al incluir los campos bajos, el total que podría estar en riesgo asciende a 400.000 animales. El Delta funciona como una gran zona de recría y engorde de hacienda.
Allí ingresan terneros de entre 200 y 250 kilos, o novillitos de mayor peso, que aprovechan los pastizales naturales hasta alcanzar entre 500 y 550 kilos para luego salir a la venta.
Después del puerto, la siguiente maniobra está a cargo de los transportistas que esperan en fila en la rotonda. Entre ellos está Sergio Muñoz, quien desde hace seis años se dedica al traslado de hacienda.
“En noviembre pasado hice 60 viajes. Dormíamos un rato arriba del camión. Trabajábamos todo el día. Había que sacar los animales. Ahora dicen que va a ser lo mismo”, relató. Habitualmente hace entre tres y cuarto viajes por día a puertos y frigoríficos.
Las lluvias de las últimas horas dejaron los caminos con riesgo de que los camiones queden empantanados. “Vamos a ver si se orea; si no, tendremos que descargar en otro campo. Esto termina cuando la hacienda está en el campo”, acotó Vitali. Al lado suyo, Martín Vitali, su hijo de 44 años, sigue de cerca el movimiento.
La familia tiene hacienda en Nogoyá y alquila campos en las islas para aprovechar los pastizales del Delta. En total, tuvieron que sacar de las islas 200 novillos y novillitos que llevaban dos años en la zona. ¿Cuánto aguanta un campo cuando el río manda? En un operativo así, cada animal, cada camión y cada hora cuentan.


