viernes, octubre 16, 2026
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Primer Festival de las Vejeces: adultos mayores y estudiantes en la Uader

El Primer Festival de las Vejeces se desarrolló en el campus de la Uader con una propuesta que no pasó por el lugar común: adultos mayores y estudiantes compartieron actividades deportivas, una feria de emprendedores y espacios de promoción de la salud. La señal fue nítida: la universidad puede ser un punto de encuentro comunitario, no solo un espacio para cursar. En un contexto donde la vejez todavía se mira con prejuicios, este tipo de gestos importa.

Lo interesante no está en el formato, sino en el encuentro intergeneracional que se puso en marcha. Cuando adultos mayores y jóvenes estudiantes comparten un mismo espacio, la conversación deja de ser un discurso y se vuelve práctica. No se trata de un evento para marcar presencia, sino de una oportunidad para que la Uader se piense como parte de la comunidad.

La feria de emprendedores le dio otro aire al encuentro. Acá, la vida no se reduce a la clase o al examen: aparece el oficio, la idea, el trabajo pequeño que sostiene a una familia o a un proyecto. Ese tipo de espacios sirve para que la universidad no se quede encerrada en su torre de marfil. También ayuda a que los adultos mayores se vean como protagonistas, no como un público pasivo.

Las propuestas deportivas y los espacios de promoción de la salud completaron una idea más amplia: cuidar el cuerpo también es una forma de inclusión. No es un gesto menor en una sociedad donde la vejez suele ser tratada como un problema, no como una etapa. El festival, en ese sentido, propone otra mirada: la de una comunidad que se organiza para compartir, no para separar.

Los organizadores destacaron la importancia del encuentro intergeneracional y anunciaron nuevas actividades. Ese anuncio es lo más valioso: no fue un evento aislado, sino una puerta que se abre. Si la Uader sostiene esta línea, el campus puede convertirse en un lugar donde la vejez, la juventud y la vida universitaria convivan sin que ninguna se sienta de más.

El dato que queda flotando es simple: la comunidad no se improvisa. Se construye con espacios, con voluntad y con la decisión de que nadie se quede afuera. En una universidad, esa idea tiene doble fuerza, porque no solo forma profesionales, sino que también forma ciudad. Si este primer festival es apenas el comienzo, la apuesta es clara: que la Uader siga siendo un lugar donde la vida entra por todos los costados.

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