En Gualeguaychú, la sentencia puso punto final a un proceso que había llevado a una pediatra del Hospital Centenario a responder por la muerte de un niño. La absolución llegó por el beneficio de la duda, una fórmula que cierra la vía judicial pero no disuelve el dolor.
El hecho que originó la causa fue la atención de Yair Suárez. El niño murió en enero de 2025, y la muerte se vinculó con una sepsis derivada de una peritonitis. Ahí empezó el camino judicial que terminó en juicio.
La médica del Hospital Centenario fue llevada a juicio por una acusación de mala praxis. El juez Mauricio Derudi la absolvió. En el plano estricto, la decisión significa que la imputación no prosperó por el beneficio de la duda.
El beneficio de la duda no es una medalla. Es una regla: cuando la prueba no alcanza para condenar, la libertad y la presunción de inocencia pesan más que la sospecha. Pero en un caso así, donde se juega la vida de un niño, la sensación de cierre nunca es total.
Para la familia de Yair, la sentencia no devuelve al niño. Define, en el plano legal, el lugar de la médica. Y deja una pregunta que no se apaga: si la atención pudo ser distinta, y qué se puede hacer para que no vuelva a pasar. Esa pregunta no se resuelve con un acta.
El caso vuelve a poner sobre la mesa la responsabilidad en la atención de niños en el sistema de salud. No se trata de señalar culpables con el dedo, sino de exigir que cada episodio de este tipo tenga una revisión seria, una transparencia que no se quede en la sentencia y una mejora real en los protocolos.
La pediatría es uno de los territorios más sensibles de la medicina. Se trabaja con pacientes que no pueden pedir ayuda, con familias que confían y con decisiones que pesan para siempre. Por eso, cuando un juicio llega hasta el final, la comunidad entera termina mirando de cerca cómo se cuida a los más chicos.
En Gualeguaychú, la noticia no se queda en el dato judicial. Toca la vida cotidiana, los pasillos del Hospital Centenario, la confianza de los vecinos en la atención médica y la memoria de una familia que perdió a un niño. Ahí se juega la credibilidad de un sistema que no puede vivir de los buenos días y los errores silenciosos.
La decisión judicial cierra la etapa del juicio, pero deja abierto el debate sobre la atención pediátrica en Gualeguaychú y la necesidad de revisar protocolos cuando un caso termina en un dolor tan grande.


