La salud mental dejó de ser un tema de pasillo y entró de lleno al territorio. La Dirección General de Salud Mental siguió recorriendo hospitales generales y llegó al Hospital San Benjamín de Colón para trabajar con los equipos que atienden a la gente todos los días.
Allí estuvieron el director general de Salud Mental, Esteban Dávila, el director del establecimiento, Marcos Luciani, y la referente del equipo de Salud Mental, Gloria Ramírez. Recorrieron la institución, se sentaron con los trabajadores y abrieron una conversación directa sobre cómo se está atendiendo, qué falta y por dónde conviene empujar.
La jornada no fue un acto de foto. Fue una instancia de trabajo en territorio, con foco en la prevención del suicidio, las conductas de riesgo, los problemas de consumo y el fortalecimiento de los equipos interdisciplinarios. En la salud mental, si no se piensa el territorio, la política se queda en el papel.
Esteban Dávila lo dijo sin vueltas: “Estas instancias de trabajo en territorio son fundamentales para conocer de primera mano la realidad de los equipos, escuchar sus necesidades y construir respuestas de manera conjunta”. También remarcó que la salud mental comunitaria necesita articulación, presencia y trabajo interdisciplinario.
El punto de apoyo legal es claro: la Ley Nacional de Salud Mental Nº 26.657 orienta el abordaje hacia un modelo comunitario, centrado en los derechos de las personas. No es un capricho administrativo: es la norma que obliga a pensar la atención más cerca de la vida cotidiana y menos desde el encierro.
La pregunta que queda en el aire es si esta recorrida por los hospitales generales se sostiene en el tiempo. Porque la salud mental no se resuelve con una visita: no alcanza con pasar una vez, hace falta presencia constante, equipos formados y redes que no se rompan cuando se van los responsables. En Colón, al menos, la Provincia puso el cuerpo.
Lo que se discute en el Hospital San Benjamín no es menor: la salud mental atraviesa la escuela, la familia, el trabajo y la calle. Cuando un equipo clínico tiene que resolver solo lo que debería resolver una red comunitaria, el desgaste aparece rápido. Y con él, el riesgo de que el paciente quede al borde.
La prevención del suicidio y el abordaje de las conductas de riesgo no son temas de manual: son urgencias que se ven antes de que se vuelvan tragedia. Por eso, sentarse con los equipos y preguntar qué necesitan no es un gesto, es una herramienta. Si la Provincia quiere sostener el modelo comunitario, tiene que sostener también a quienes están en primera línea.
El recorrido de la Dirección General de Salud Mental por los hospitales generales muestra una idea: la política pública no puede quedarse en el escritorio. En Colón, la jornada dejó una señal clara: la salud mental se trabaja con presencia, con escucha y con equipo. Ahora, la prueba será que esa señal no se apague.


