jueves, octubre 15, 2026
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Islas de Victoria, Santa Fe: 30.000 cabezas de ganado corren contra el reloj

En el departamento Victoria, Santa Fe, frente a Rosario, el Paraná empieza a marcar el pulso y los productores isleros corren contra un reloj de treinta días. La escena todavía parece tranquila, pero en la costa el agua nunca se negocia.

Allí, aunque el suelo todavía parece firme y los rodeos pastorean con tranquilidad, los productores saben que la calma puede durar poco. Con 30.000 cabezas potencialmente comprometidas y apenas un mes para organizar la salida, cada decisión puede marcar la diferencia entre atravesar la creciente o sufrir pérdidas irreparables. En las islas, el tiempo vale más que cualquier promesa.

Leonardo Scarparo, productor ganadero de tercera generación y presidente de la Comunidad Islera Asociación Civil (CIAC), conoce ese pulso desde chico. Su familia compró las tierras isleñas en 1938 y aprendió a convivir con las crecidas y las bajantes. En esa vida de agua y campo, la previsión no es un lujo: es supervivencia.

“Ayer hablaba con un productor y me decía: ‘Leonardo, está seco adentro’”, cuenta Scarparo. La respuesta del dirigente resume la urgencia: “Claro, adentro de la isla está seco, pero esto es una cuestión de 30 días”, resaltó. El dato no es menor: el río podría comenzar a subir entre 10 y 12 centímetros diarios hasta que los suelos saturen su capacidad de absorber.

Al momento de la entrevista, el hidrómetro de Puerto Rosario marcaba 3,30 metros sobre el cero de referencia. Frente a niveles de alerta y evacuación de 5 y 5,50 metros, la preocupación no está en el número actual, sino en el tiempo disponible para sacar los rodeos. La pregunta que circula entre los isleros es simple: ¿dónde va a parar el agua cuando el suelo ya no la aguante?

Scarparo advierte que hay 30 días más o menos para esta primera prueba. Pero el problema principal, sostiene, va a ser el desarrollo de El Niño hacia fin de año. En las islas del departamento Victoria, la ganadería forma parte de una economía adaptada a las condiciones del humedal, donde el río manda y los campos se reordenan con cada bajante.

Allí suelen pastorear entre 40.000 y 50.000 vacunos y, según las estimaciones de la entidad, unas 30.000 cabezas podrían quedar comprometidas si el avance del agua obliga a desalojar los campos. Esta vez, los productores cuentan con información anticipada y comenzaron a tomar medidas antes de que la creciente alcance los sectores más bajos. La diferencia no borra la angustia, pero cambia el punto de partida.

“La información ha llegado con suficiente antelación y ya se tomaron medidas para empezar a evacuar la hacienda de las islas”, explica Scarparo. El recuerdo de 2007 sigue presente como una advertencia: aquel año, lluvias locales provocaron una suba abrupta del río y una mortandad importante de animales. “En otras épocas no sabíamos a ciencia cierta hasta dónde iba a llegar el agua”, recuerda el productor.

Actualmente, las herramientas informáticas, la información hidrológica y el seguimiento meteorológico permiten trabajar con otro margen de previsión. “Hoy estamos más resguardados fundamentalmente por la tecnología y la información disponible”, expresa Scarparo. Sin embargo, contar con datos no resuelve el desafío logístico: cuando miles de animales deben abandonar un territorio rodeado de agua, la capacidad de transporte se convierte en un factor decisivo.

La evacuación depende de cómo está conectado cada establecimiento con tierra firme. Algunos campos tienen acceso directo a la Ruta Nacional 174, que une Rosario con Victoria, y pueden sacar la hacienda en camiones. Para la mayoría, en cambio, el recorrido comienza con un embarque en las islas y la logística define el margen de maniobra.

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