“Quienes alquilan lo hacen porque no pueden ser propietarios”: esa idea sigue instalada en el mercado inmobiliario, donde tener vivienda propia se asocia con estabilidad y ser inquilino con vulnerabilidad. Pero el último Monitor de Asequibilidad de la Vivienda mete la pata en una creencia que parecía indestructible: el alquiler no siempre es señal de carencia.
El relevamiento, correspondiente a octubre de 2026 y elaborado por el Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda en Argentina (OFAVA), muestra una relación que incomoda: a mayor escolaridad promedio, menor proporción de propietarios y mayor proporción de inquilinos. No es causalidad, ojo: no significa que estudiar más te empuje a alquilar. Es una correlación que dibuja el desarrollo económico y urbano del país.
Los números son duros. Cada año adicional de escolaridad promedio se asocia con una caída de entre cuatro y cinco puntos porcentuales en la proporción de propietarios y con un aumento similar de inquilinos. En distritos donde la población tiene menos de ocho años de escolaridad promedio, los propietarios suelen superar el 75% de los hogares, mientras que los inquilinos quedan por debajo del 10%.
En el extremo opuesto, las zonas con más de 13 años de escolaridad promedio muestran propietarios entre el 45% y el 60% e inquilinos entre el 30% y el 40%. En algunos lugares, la proporción de quienes alquilan se acerca a la mitad. Ahí aparece la pregunta que nadie quiere hacer: ¿por qué las ciudades con mejores oportunidades laborales concentran más alquiler y menos propiedad?
La explicación no es mágica. Las zonas con mayor escolaridad suelen coincidir con capitales provinciales y grandes centros urbanos, donde llegan personas para estudiar, trabajar y circular. Para muchos hogares, especialmente en los primeros años, alquilar es la forma más inmediata de acceder a una vivienda, sin arrastrar la inversión que implica comprar. No es un problema en sí mismo: es una etapa, una estrategia y, a veces, una necesidad.
En cambio, en los lugares con menor nivel educativo, principalmente en el norte del país y en las zonas rurales, la alta proporción de propietarios tiene otra lógica: transmisión hereditaria, autoconstrucción y falta de un mercado de alquileres desarrollado. Ahí, tener casa no siempre habla de mayor ingreso; muchas veces habla de herencia, de autoconstrucción y de un mercado que nunca se instaló como en las grandes ciudades.
El dato no es para festejar ni para alarmarse. Sirve para bajar el tono de la charla y entender que la vivienda en Argentina no se lee con una sola lupa. Si vos alquilás, no tenés por qué estar peor que otro que tiene escritura. Lo que importa es saber qué está pasando con el acceso, el salario, el empleo y la posibilidad real de construir un techo propio.


