En La Paz, la palabra que pesa ahora es prevención. El río Paraná sube, pero todavía no tocó la marca de alerta, y el municipio trabaja con la mirada puesta en lo que puede pasar si la crecida se complica.
El intendente Walter Martin explicó que el nivel del río aún no llegó a la marca de alerta. Esa frase suena a tranquilidad, pero en una ciudad ribereña no significa bajar la guardia: significa medir, vigilar y preparar cada paso antes de que el agua marque el ritmo.
La tarea no se queda en el discurso. Se limpian arroyos, se ordenan accesos seguros y se piensa en la circulación cuando el caudal puede transformar calles y caminos en un escenario más exigente.
El dato más sensible es otro: el municipio mantiene contacto con unas 40 familias que podrían necesitar evacuación. No es una cifra menor, ni una lista cerrada; es un número que obliga a tener todo listo antes de que la situación pase de la precaución a la urgencia.
En medio de ese movimiento, La Paz mantiene su actividad turística. El río es parte de la identidad, de la economía y de la vida cotidiana, y la ciudad no se para de golpe por una crecida que todavía no alcanzó la alerta. Pero tampoco puede ignorar lo que viene.
Acá, en La Paz, la pregunta no es si el Paraná puede subir: es cómo la ciudad se prepara para recibirlo. La prevención no es un gesto formal; es la diferencia entre que una familia se mueva con tiempo y que una emergencia se convierta en un problema mayor.
La crecida todavía no es una alarma, pero tampoco un detalle menor. Mientras el río marque su curso, el municipio tendrá que sostener la coordinación, la información y la capacidad de respuesta. En una ciudad que vive junto al agua, la tranquilidad se gana con obra, con contacto directo y con decisiones anticipadas.
Que el río no haya llegado a la marca de alerta no borra la necesidad de estar atentos. En materia de crecidas, cada centímetro cuenta, cada arroyo que queda libre suma y cada familia que sabe dónde moverse reduce el riesgo.
El contacto con unas 40 familias no es un trámite: es una señal de que el municipio está trabajando sobre el terreno, no solo sobre el papel. Si la situación se complica, ese vínculo previo puede ser la diferencia entre una evacuación ordenada y una corrida desesperada.
Mientras tanto, la actividad turística sigue de pie. Eso habla de una ciudad que no se inventa pánico, pero tampoco se duerme. El Paraná es parte de La Paz, y la relación con el río se administra con realismo: se disfruta, se trabaja, se cuida.


