El dato llegó con el peso de la canasta: septiembre cerró con 1,9% de inflación en el país.
Con ese número, el dato oficial marcó una acumulación de 23,6% entre enero y septiembre, y una variación interanual de 33,4%.
No es un número menor: en un país donde los precios se movieron fuerte en los últimos meses, cada décima te cambia el presupuesto de la casa.
El golpe más visible no fue en la góndola, sino en los servicios: tarifas subieron 3,1%, y educación trepó 3%.
Detrás vinieron telecomunicaciones con 2,5% y salud con 2,4%, dos rubros que pesan en el bolsillo de cualquier hogar.
En educación, la cuenta incluye cuotas de establecimientos privados; en salud, medicamentos y prepaga. Es decir, no son precios de vitrina: son gastos que se pagan todos los meses.
Eso explica por qué, cuando tocás pagar servicios, colegio o remedios, un hogar puede sentir que la canasta sube más que el índice.
Los alimentos subieron 2%, apenas por encima del promedio, mientras que restaurantes y hoteles avanzaron 1,1%.
El resto no fue mejor: prendas de vestir y calzado sumaron 1,4%.
En el otro extremo, servicios corrieron 2,4% y bienes 1,7%.
La brecha entre servicios y bienes vuelve a poner en el centro la discusión: lo que se contrata todos los meses se actualiza más rápido que lo que se compra.
También hubo matices: precios estacionales subieron 2,9%, y la inflación núcleo quedó en 1,7%.
Los regulados aumentaron 2,3%.
En términos simples, la inflación núcleo mide lo que queda cuando se sacan los componentes más volátiles y los fijados por decisiones oficiales.
La región no fue uniforme: Gran Buenos Aires y la región Pampeana marcaron 2%.
Mientras que Noroeste y Cuyo quedaron en 1,9%, en línea con el promedio nacional.
La Patagonia presentó el menor incremento regional, con 1,4%.
Para el Noreste, el dato fue de 1,7%: más bajo que el promedio, pero no suficiente para respirar tranquilo.
Para el Noreste, ese 1,7% no es una victoria: es una diferencia mínima frente al promedio, pero que puede aliviar un poco la presión en los comercios y en las familias.
El mensaje es claro: la inflación no se mide solo con el número general, sino con lo que cada familia paga en servicios públicos, educación y alimentos.
Si el mes próximo repite la misma dirección, la discusión ya no será solo sobre el índice, sino sobre el poder de compra que se va perdiendo, día a día, en la Argentina.
La próxima medición va a mostrar si la tendencia se sostiene o si los servicios vuelven a empujar la canasta. Hasta entonces, el dato de septiembre deja una señal: la inflación sigue siendo un problema de todos los meses.


