martes, octubre 13, 2026
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Decanos de UTN Paraná y UNER alertan por docentes y presupuesto 2027

La universidad vuelve a estar en el centro del debate, y no con una discusión menor: financiamiento, docentes y presupuesto 2027. En ese marco, Alejandro Carrere, de la UTN Paraná, y Nicolás Brunner, de Ciencias Económicas de la UNER, pusieron sobre la mesa una advertencia que no debería pasar inadvertida: la pérdida de docentes y la falta de recursos.

La palabra pérdida de docentes no es un eufemismo. Cuando un sistema educativo empieza a desangrarse por las licencias docentes, el problema no es solo administrativo: es de futuro. Si se va el que enseña, se va el conocimiento, se va la continuidad, se va la posibilidad de formar a las próximas generaciones con el mismo nivel de exigencia.

El deterioro salarial aparece como una de las grietas más serias. No hace falta inventar cifras para entender la lógica: si el salario no acompaña, si el reconocimiento profesional se erosiona, el docente termina eligiendo entre sostener su vida y sostener su cátedra. Y en esa elección, la universidad pierde.

Acá hay una responsabilidad compartida. El Estado, la universidad y la sociedad entera. Porque la universidad no es un gasto: es una inversión. Y cuando se discute el presupuesto 2027, no se está discutiendo solo números en una planilla: se está discutiendo si el país quiere seguir teniendo universidades que formen, investiguen y sostengan la vida intelectual de la provincia.

La advertencia de Carrere y Brunner debería leerse como una señal de alerta temprana. No es una queja aislada: es un diagnóstico de fondo. Si la falta de recursos y la pérdida de docentes se vuelven la normalidad, la universidad va a terminar pagando la cuenta más cara: la de formar menos, de investigar menos y de sostener menos el proyecto de país.

El debate no puede quedar en el aire. Si hay deterioro salarial, licencias docentes y un presupuesto 2027 que preocupa, la respuesta no puede ser la costumbre de esperar. La universidad necesita recursos, estabilidad y una política de Estado que la trate como lo que es: un pilar de la democracia, de la ciencia y del futuro.

También está la pregunta incómoda: ¿qué universidad querés para la próxima década? No es una pregunta retórica. Si el financiamiento se vuelve insuficiente, si los docentes se van por licencias, si el salario no alcanza, la respuesta se va a ver en la formación, en la continuidad educativa y en la capacidad de formar profesionales que no tengan que irse para desarrollarse.

Por eso, la señal de los decanos no puede ser tomada como un reclamo más. Es una advertencia sobre el presente y sobre el futuro. Si no hay recursos, si no hay salarios dignos, si no hay condiciones para que el docente permanezca, la universidad va a terminar haciendo menos de lo que le corresponde. Y la sociedad, tarde o temprano, va a pagar esa deuda en calidad educativa, en investigación y en proyecto de país.

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