En Washington, el mensaje llegó sin rodeos: Donald Trump afirmó que Rusia y Ucrania acordaron un cese a los ataques contra la infraestructura energética. En Truth Social, el presidente estadounidense escribió: “A partir de ahora, hay un CESE AL FUEGO ENERGÉTICO en la guerra entre Rusia y Ucrania. Ambas partes han llegado a un acuerdo. ¡No lo rompan!”.
El detalle que complica la escena es que ni Kiev ni Moscú reaccionaron de inmediato. El anuncio aparece después de que Trump, el sábado, criticara los ataques de Kiev contra refinerías rusas y opinara que “es hora de que Ucrania tenga un nuevo presidente”. Ahí empieza la fricción: un presidente extranjero metiéndose en la sucesión de otro país.
Volodimir Zelensky no se quedó callado. En una entrevista con ABC, enfatizó que son los ucranianos quienes deben elegir a su dirigente: “Con todo respeto al presidente Trump, corresponde a nuestra sociedad, a nuestro pueblo, elegir a tal o cual dirigente”. La respuesta es corta, pero pesa: la democracia no se ordena desde afuera.
El giro más duro llegó después. Zelensky dijo que le comentó al equipo de Trump que, si Estados Unidos quiere que Ucrania celebre elecciones —las primeras desde que comenzó la invasión rusa en 2022— debe hablar con Vladimir Putin. “Díganle a Putin que nos conceda dos meses, 60 días de alto el fuego total, 60 días, y organizaremos elecciones”, planteó. Y agregó: “Por supuesto, estaremos dispuestos a aceptar cualquier decisión de nuestro pueblo”.
Luego, en una entrevista con Axios, el líder ucraniano señaló que la publicación de Trump era la primera vez que oía hablar del acuerdo. Sin embargo, un alto funcionario, en condición de anonimato, dijo que Ucrania estaba dispuesta a aceptar ese alto el fuego si Rusia también lo estaba. O sea: el anuncio existe, pero la confirmación formal sigue en el aire.
El contexto no es menor. El viernes, Trump había anunciado un acuerdo entre Washington y Moscú para la compra masiva de diésel ruso, acompañado de una flexibilización de las sanciones estadounidenses a Rusia. Ese movimiento económico se mezcla con la presión política sobre Ucrania y con el anuncio del cese a los ataques energéticos. El anuncio se suma a una secuencia de movimientos económicos y políticos, aunque todavía no se sabe si el acuerdo energético es firme o solo una declaración de intención.
La pregunta que queda en el centro del tablero es simple: ¿quién controla el próximo paso? Si el alto el fuego energético se cumple, podría reducir el desgaste sobre la infraestructura energética. Pero si no se sostiene, el anuncio de Trump puede quedar como otra promesa en una guerra que ya cruzó el límite de lo insostenible. En medio, el pueblo ucraniano sigue esperando una paz que, por ahora, todavía no tiene fecha.


