El banquillo que parecía lejano para el actual diputado nacional Máximo Kirchner se acerca. Mirá el dato: desde el 23 de octubre podría empezar a ser juzgado por asociación ilícita y lavado de dinero, en una causa que desembocó en su primer procesamiento.
La clave está en Los Sauces SA, la inmobiliaria de la familia, y en Hotesur SA, la firma hotelera. La acusación sostiene que ambas compañías funcionaron como pantalla para blanquear fondos de origen ilícito, con la participación de Lázaro Báez y Cristóbal López.
El número que pesa es brutal: un incremento patrimonial del 12.000% en Los Sauces. La acusación también señala que Máximo Kirchner suscribió contratos de locación y movió $25.968.042,30 para recibir fondos.
El fiscal general Diego Velasco se opuso a dividir el debate en dos juicios. Para él, la separación no sirve porque las dos empresas habrían sido usadas para la misma maniobra. La Cámara de Casación deberá resolver el jueves 15 de octubre si el debate incluye también el blanqueo.
El Tribunal Oral Federal 5, integrado por José Michilini, Fernando Machado Pelloni y Adriana Pallioti, había propuesto juzgar por separado para acelerar los procesos. Argumentó que había objetos procesales distintos y testigos que no se comparten.
La imputación contra Máximo es dura: lo describe como organizador de la asociación ilícita y coautor del lavado de activos. Según el requerimiento, entre enero de 2009 y marzo de 2016 dirigió un esquema de reciclaje de fondos a través de Los Sauces.
La inmobiliaria se creó el 7 de noviembre de 2006, con la intervención de Néstor Kirchner y la ex presidenta Cristina Kirchner. En esa estructura, Máximo fue designado presidente del directorio, con representación legal y administración de fondos.
También se le atribuye la incorporación de inmuebles, terrenos y hoteles. La acusación menciona la aceptación de cesiones en las calles Alvear al 390 y Mariano Moreno al 800, contratos con Lázaro Báez y movimientos bancarios que habrían legitimado fondos.
De momento, no consta una versión de la defensa de Máximo Kirchner. El proceso avanza hacia una definición que puede marcar el rumbo del debate: si se juzga solo Los Sauces o se abre la puerta a Hotesur.
El dato fuerte no es solo el porcentaje. Es la idea de que una sociedad familiar habría servido para dar apariencia de licitud a dinero que venía de la obra pública y de dádivas. Esa hipótesis, sostenida por la acusación, pone en el centro el rol de Máximo como firmante, administrador y artífice de los movimientos.
La definición de Casación va a ordenar el mapa del juicio. Si se unen Los Sauces y Hotesur, el debate se vuelve más amplio; si se separan, el primer paso será la inmobiliaria. En ambos escenarios, el banquillo de Máximo Kirchner llega con una carga probatoria que pone en el centro cada contrato, cada cheque y cada movimiento.


