domingo, octubre 11, 2026
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La crisis también enferma: jóvenes sin horizonte y adultos mayores acorralados

La crisis también enferma: no es una metáfora liviana, sino una advertencia que recorre a jóvenes y adultos mayores en Argentina, que atraviesa una presión económica cada vez más pesada.

En los jóvenes, el panorama es sumamente preocupante: se multiplican casos de ansiedad, angustia, adicciones, ludopatías, depresiones y, sobre todo, suicidios, la primera causa de muerte violenta entre los 15 y 24 años.

La causalidad no es una sola, pero se describe un escenario de frustraciones, soledad, fragmentación de los vínculos, sentimientos de abandono y falta de contención, agravado por la crisis económica que perturba la vida y la sobrevida de cada familia.

El futuro aparece como un horizonte oscuro, una amenaza y un espacio donde se frustran proyectos posibles: estudiar, trabajar, tener familia, vivienda, es decir, una vida. Esa dimensión pesa sobre el deseo de vivir.

Los adultos mayores también están asediados: a los cambios físicos, psicológicos, familiares y sociales de la etapa se suma un ajuste brutal en sus salarios, la precarización de la atención de salud y una represión que se describe como feroz e inusitada cuando manifiestan sus malestares.

No es una historia nueva. En la década del 90, con políticas neoliberales del menemismo, la policía reprimió con saña protestas encabezadas por Norma Plá, y entonces se publicaron estadísticas con un enorme incremento de depresiones y suicidios en adultos mayores.

En esa época, Diego Maradona acuñó una frase que sigue interpelando: “Hay que ser muy cagones para no defender a los jubilados”.

Hoy, la referente experta en salud mental Alicia Stolkiner alertó sobre casos de sobremortalidad en adultos mayores, como expresión de la situación que viven.

La sobremortalidad, explicó, muestra la cantidad de muertes por encima de las que naturalmente tiene esa población. Ese estadígrafo empezó a usarse en la época de la pandemia y hoy aparece en el grupo mayor de 65 años: están muriendo más porque no tienen acceso a medicamentos, porque no les alcanza la jubilación y porque, a diferencia de los jóvenes, no ponen la esperanza en el futuro, sino en disfrutar los momentos presentes.

Frente a esa etapa, Enrique Pichon-Rivière describía dos formas de adaptarse: una vida pasiva, retraída, desconectada, en soledad y sin actividades placenteras, que acerca a la depresión; o una actitud que sustituye obligaciones por encuentros, viajes y actividades placenteras, donde uno se siente dueño del tiempo libre.

Pero, en las circunstancias dramáticas de apremio para sobrevivir, esa diferencia se vuelve vital. La advertencia queda: la presión económica no solo afecta el bolsillo, sino que también incide en la salud mental, en los vínculos y en la vida de jóvenes y adultos mayores.

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