Madrugada en Chajarí, una conductora de Villa del Rosario perdió el control de su auto y terminó sobre una alcantarilla. El hecho dejó lesiones leves y un dato que pesa: 0,88 gramos de alcohol por litro de sangre.
El episodio no fue un simple despiste menor: el vehículo terminó sobre la alcantarilla, la conductora sufrió lesiones leves y el test de alcoholemia marcó un valor que no admite ambigüedad. El alcohol aparece en el centro de la escena, y el auto fue retenido. En el tránsito cotidiano, un conductor bajo efectos del alcohol multiplica el riesgo para todos.
La cifra, 0,88 gramos por litro, no es un detalle técnico para pasar por alto. Es una señal clara de que el manejo estaba comprometido. No se trata de juzgar a una persona desde el primer minuto, pero sí de poner el dedo en la herida: cuando alguien sube al volante con ese nivel de alcohol, el margen de error se vuelve mínimo. Chajarí no puede normalizar ese tipo de episodios.
El hecho ocurrió durante la madrugada, un horario en el que la atención de los demás conductores también baja. Ahí, un auto que se despista no solo afecta a su conductor: puede arrastrar a un peatón, a una moto, a un auto que pasa. La retención del vehículo y la constatación del test muestran que la respuesta no quedó en el aire. Lesiones leves es lo mejor que podía pasar, pero no es motivo para respirar aliviados.
Lo que queda ahora es una pregunta incómoda: ¿hasta cuándo vamos a seguir encontrando el alcohol como protagonista de los accidentes? En Chajarí, como en toda la región, cada despiste con alcohol es una advertencia. Villa del Rosario también entra en la escena porque de ahí venía la conductora, y eso obliga a mirar el problema más allá de la ciudad donde terminó el auto. El mensaje es simple: si vas a manejar, no tomes; si tomaste, no manejes.
No hace falta ser especialista para entender que el alcohol altera los reflejos, la concentración y la percepción de la velocidad. En la práctica, eso significa que un conductor no mide bien las distancias, no reacciona a tiempo y toma decisiones que, en sobriedad, no tomaría. El test no aparece como un trámite: aparece como la confirmación de lo que el cuerpo ya estaba mostrando. Chajarí necesita que este tipo de hechos se lean como un problema serio, no como una anécdota de madrugada.
El vehículo quedó retenido y la conductora sufrió lesiones leves. El test de alcoholemia arrojó 0,88 gramos de alcohol por litro de sangre. El hecho ocurrió durante la madrugada en Chajarí.


