La Unión Cívica Radical de Entre Ríos despide a Eduardo Solari, un nombre que pesa en la historia del radicalismo entrerriano. Su recorrido político arrancó en la década de 1970, cuando abrazó los ideales de la Junta Coordinadora Nacional. Después acompañó el proceso de Renovación y Cambio encabezado por Raúl Alfonsín.
Para entender su figura hay que mirar la trayectoria institucional: fue diputado provincial en dos oportunidades y concejal de Paraná. También se desempeñó como funcionario municipal en distintas gestiones, en áreas vinculadas a la acción social, la gestión comunitaria y los derechos humanos. No fue un político de un solo acto: fue un hombre de oficio, de gestión y de permanencia.
Su militancia no se quedó en el despacho. Asumió responsabilidades de conducción partidaria y mantuvo, hasta sus últimos días, la pertenencia a la UCR. Ese compromiso lo ubica en una generación que contribuyó a la recuperación y consolidación de la democracia argentina. No es un dato menor: la historia del partido se apoya en nombres que sostuvieron la idea de servicio.
En esa época, la política no era un escaparate: era una escuela de servicio. Solari transitó el radicalismo desde la militancia, la participación y la defensa de las instituciones democráticas. Su nombre se apoya en una historia de partido que todavía sigue viva en el mapa entrerriano. Y en eso se reconoce una forma de entender el poder: como responsabilidad, no como premio.
El Comité Provincial de la UCR de Entre Ríos lo despidió con respeto y profundo pesar, reconoció su aporte a la vida partidaria e institucional y acompañó a su familia, amigos y correligionarios. La despedida suena a reconocimiento de una época: la de los radicales que hicieron de la política una vocación de servicio. “Su recuerdo permanecerá ligado a la historia del partido y a las generaciones de radicales que hicieron de la política una vocación de servicio”.
Queda la pregunta inevitable: ¿qué peso tiene hoy una trayectoria así? La respuesta no está en los cargos, sino en la constancia de una militancia que sobrevivió a los vaivenes. En un tiempo donde la memoria partidaria se vuelve corta, Solari representa una escuela que todavía da lecciones. Esa pregunta importa porque la política se construye con nombres, no con humo.
Con esta partida, el radicalismo de Entre Ríos pierde a un dirigente que transitó la política desde la militancia y la defensa de las instituciones democráticas. Su legado no se mide solo en cargos, sino en la constancia de una vocación que sobrevivió a los vaivenes partidarios. Queda la tarea de las nuevas generaciones: no olvidar que la política también puede ser oficio, servicio y memoria.


