Al menos ocho muertos. Tres niños. Dieciséis heridos. La madrugada del sábado dejó una escena de escombros en Zaporizhzhia.
Según Ivan Fedorov, copresidente del Consejo de Defensa regional, los explosivos impactaron en zonas habitadas de la ciudad, mientras los equipos de rescate seguían buscando entre los restos. “El número de muertos por los ataques aéreos en Zaporizhzhia ha ascendido a ocho. Entre ellos hay tres niños”, confirmó.
La Policía Nacional ucraniana indicó que las fuerzas rusas lanzaron cinco bombas aéreas guiadas contra zonas residenciales durante la madrugada. Dos edificios de viviendas sufrieron impactos.
Antes, Mykhailo Semikin, jefe de la Administración Militar Regional de Zaporiyia, había informado de siete fallecidos y advertido que podían quedar personas bajo los escombros.
En el lugar, los servicios de emergencia retiraban a personas de entre los restos de los edificios afectados. La escena mostraba la magnitud del golpe sobre una ciudad que ya vive pegada al frente.
La región de Zaporizhzhia y su capital, situadas a pocas decenas de kilómetros de la línea del frente, sufren ataques frecuentes. Es un recordatorio de que la guerra sigue mordiendo donde la diplomacia apenas respira.
En paralelo, la dirección de la central nuclear de Zaporizhzhia, bajo control ruso desde 2022, alertó sobre las dificultades para reponer el diésel de los generadores de emergencia.
La responsable de prensa, Yevguenia Yásina, afirmó que la logística continúa siendo extremadamente difícil, con caminos de acceso bajo bombardeos y ataques de drones.
“La situación con la logística continúa siendo extremadamente difícil”, declaró. Yásina recordó que un conductor de camión murió recientemente en un ataque con dron que la administración rusa de la planta atribuyó al Ejército ucraniano.
El ataque ocurrió un día después de que Donald Trump anunciara un acuerdo con Vladimir Putin para adquirir diésel ruso destinado al mercado estadounidense y global.
Trump aseguró que Rusia suministrará de forma inmediata más de 300.000 toneladas de diésel, seguidas por otras 500.000 toneladas en noviembre, un millón de toneladas después y tres millones adicionales en un corto periodo.
El anuncio contrastó con la legislación de sanciones contra Rusia que el mandatario promulgó el mes pasado, dirigida a limitar los ingresos por petróleo y gas que financian la guerra contra Ucrania.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, cuestionó el acuerdo y afirmó que Moscú responderá “con más terror y perfidia”.
“Juega a favor de Rusia, le permite matar más, prolongar la guerra, tener aún menos respeto por Estados Unidos e infligir pérdidas y daños aún mayores al mundo”, sostuvo. En un comunicado difundido por la Embajada de Ucrania en Washington, Zelensky calificó el entendimiento como “una decisión débil, lamentablemente, una decisión débil de socios fuertes”.
El mandatario también cuestionó las conversaciones de paz que los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner mantuvieron con funcionarios ucranianos en Miami. “Creo que nuestro equipo simplemente está siendo utilizado como una cortina de humo. Y eso, desde luego, no es justo. No es así como deben tratarse los socios”, afirmó.
Mientras se negocia el combustible, los edificios de Zaporizhzhia quedaron reducidos a escombros. La pregunta incómoda es simple: ¿hasta cuándo el mundo acepta que la guerra se financie, se discuta y se bombardee al mismo tiempo?


