En el campo entrerriano, la paciencia se volvió moneda de cambio. Roberto Frigo, presidente de Cafer, lo dijo sin vueltas: los ciclos electorales frecuentes hacen que productores y empresas esperen para actuar. La advertencia llega en un contexto donde la inflación y la incertidumbre política siguen pesando sobre las decisiones de inversión, y donde el productor no puede dar el lujo de equivocarse dos veces.
El balance, según el cooperativista, es positivo. La entidad prepara su asamblea para el 22 de octubre. Frigo remarcó que el apoyo de las cooperativas es clave para los pequeños y medianos productores, porque les permite seguir en el surco con una línea de financiamiento en un escenario de costos de producción e insumos muy elevados. Sin ese respaldo, dijo, sería difícil sostenerse.
Mirá el dato incómodo: en Argentina, los ciclos electorales frecuentes hacen que productores y empresas esperen para actuar. Frigo lo contrastó con episodios como la rápida liquidación tras la baja de retenciones, donde algunos actores anticiparon mejor las medidas. Ahí aparece la pregunta incómoda: ¿quién se mueve a tiempo y quién queda mirando el calendario?
Sobre la ley de semillas, el titular de Cafer fue directo: continúa sin resolverse por intereses contrapuestos, más allá de las reuniones que se han efectuado. Indicó que alcanzar acuerdos permitiría mejorar el acceso a tecnología, aunque la falta de esa ley no impide por sí sola usar tecnología de punta. Y sumó: el impuesto a las ganancias está momentáneamente en suspenso.
En la Cooperativa Ganadera Agrícola Gobernador León Sola Ltda., que preside, la apuesta es concreta. Avanza con inversiones para mejorar el servicio: remodela silos para agilizar la descarga y sumó un camión para llevar fertilizantes a los campos. Más adelante, evalúa instalar una extrusora y producir alimentos balanceados, aprovechando la buena situación ganadera.
El objetivo, según Frigo, es reducir desperdicios, agregar valor y mejorar el engorde y la genética. No es un plan de vitrina: es una forma de sostener el servicio y de darle escala a un sector que necesita certezas. En el campo, cada peso cuenta y cada decisión de inversión se mide con el bolsillo abierto.
La mirada también cruzó fronteras. Sobre su experiencia en Australia y Nueva Zelanda, Frigo destacó que ambas naciones tienen sistemas más estables, infraestructura rural amplia y conectividad, condiciones que favorecen la permanencia de jóvenes en el campo. Allí los productores no reciben subsidios, pero tampoco enfrentan retenciones como las argentinas.
La señal queda clara: sin certezas, el campo frena. Con cooperativas, financiamiento y acuerdos pendientes, la producción puede seguir, pero no sin costo. El 22 de octubre, la asamblea de Cafer será el termómetro de un sector que quiere producir, pero también quiere saber a qué juega.


