domingo, octubre 4, 2026
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Lula y Flávio Bolsonaro se juegan la presidencia de Brasil

Brasil vota este domingo con la mirada puesta en la primera vuelta presidencial, una elección que puede mantener al gobierno actual o abrir un giro hacia la derecha en la mayor economía de América Latina.

La contienda no va a ser un paseo: los sondeos anticipan una disputa estrecha y no proyectan que Lula ni Flávio Bolsonaro alcancen el 50% de los votos necesarios para imponerse en la primera instancia.

Si eso pasa, la definición se empuja a la segunda vuelta, prevista para el 25 de octubre, en un escenario donde compiten 11 candidatos más.

El presidente, de 80 años, busca su cuarto mandato y anunció que será el último. Su campaña puso el acento en la defensa de la soberanía brasileña, un mensaje que resuena fuerte en un país que atraviesa una polarización profunda.

Su principal rival es Flávio Bolsonaro, de 45 años, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, quien recibió una condena de 27 años de prisión por el intento de golpe de Estado que siguió a su derrota electoral de 2022.

La elección recorre realidades distintas: comunidades de la selva amazónica, regiones agrícolas del sur y las favelas de las grandes ciudades. Ahí se juega el pulso entre dos sectores que concentran la polarización política de Brasil.

Lula sufragó en São Bernardo do Campo, en la región del ABC paulista, acompañado por las candidatas al Senado Marina Silva y Simone Tebet, el aspirante a gobernador de San Pablo Fernando Haddad y el vicepresidente Geraldo Alckmin.

“Estoy con mucha confianza. Agradezco a toda la sociedad”, dijo el jefe de Estado. También señaló que los brasileños votan “pensando en nuestros hijos, en nuestro futuro” y afirmó que “Hemos conseguido recuperar a Brasil, controlando la inflación, realizando una verdadera revolución educativa”.

Flávio Bolsonaro votó a primera hora en Río de Janeiro, en la Escuela Municipal Barão Homem de Mello, en Tijuca, Zona Norte de Río, acompañado por su mujer. El senador, candidato por el Partido Liberal, llegó con la expectativa de imponerse en la primera vuelta.

Tras depositar su voto, sostuvo que “Brasil necesita cambio” y pidió respaldo contra lo que definió como una “era de atraso” del Gobierno. Su objetivo, dijo, es ganar el domingo “para garantizarle la libertad” al pueblo brasileño: “Quiero que Brasil elija a su presidente hoy”.

El presidente del Tribunal Superior Electoral asistió a la inauguración de la jornada electoral en el Colegio Nossa Senhora do Perpétuo Socorro, en Lago Sul, Brasilia. Pese a haber nacido en Teresina, solicitó un permiso para votar fuera de su circunscripción a fin de permanecer en la capital federal y ya emitió su voto.

El Ministerio de Defensa de Brasil movilizó 26.500 militares para apoyar la primera vuelta, con tareas de seguridad, garantía de la votación y asistencia logística en zonas de acceso complejo. La operación alcanzará 482 municipios de 12 estados y cubrirá 8.827 lugares de votación, con Marina, Ejército, Fuerza Aérea, Justicia Electoral y organismos de seguridad pública.

Lo que queda claro es que esta elección no es solo un acto administrativo: es un termómetro de la confianza, la memoria y el futuro de un país que no se resigna a ser solo un mapa. Si la primera vuelta no define, el 25 de octubre va a pedirle a Brasil una nueva decisión.

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