En Buenos Aires, una app del gobierno bonaerense permitió denunciar desde el celular o la computadora y, según el recorrido de las causas, dejó afuera más de 100.000 presuntos robos y hurtos de las estadísticas oficiales. La aplicación, llamada Mi Seguridad, genera un proceso penal sin necesidad de ir a una comisaría.
El dato es fuerte: en 2025, las denuncias por esa vía originaron 225.398 Investigaciones Penales Preparatorias, el 22% del total de las IPP iniciadas en la provincia, que sumaron 1.035.350 entre el fuero penal de adultos y el juvenil.
La herramienta se puso en marcha en 2017 y, con el tiempo, se volvió una puerta de entrada masiva. En algunos casos, el personal policial sugiere a las víctimas usar esa vía en lugar de esperar atención en la dependencia; para urgencias, en cambio, el sistema mantiene el 911 como canal directo.
El menú de la app ordena los hechos en categorías como violencia familiar, delitos contra la integridad sexual, daños, robo o hurto, comercio ilegal de autopartes, cuatrerismo, narcotráfico, corrupción policial, juego clandestino, apuestas ilegales y picadas. Esas etiquetas provisorias después deben ser validadas por las fiscalías.
El trámite lleva pocos minutos y termina con una constancia que informa la fiscalía asignada, el número de una Investigación Penal Preparatoria recién abierta y un código de seguimiento. Ciertos delitos admiten el anonimato, pero en la mayoría los usuarios se identifican y resultan trazables por el dispositivo que usaron.
El problema aparece cuando el expediente entra a la Justicia: más de la mitad no recibe una etiqueta del Código Penal y queda en un renglón llamado tipificación provisoria. Sin delito asignado, no entra en las categorías habituales de robo, hurto, estafa, lesiones o amenazas.
En la estadística difundida en mayo pasado, referida a 2025, figuraron 122.867 causas en esa categoría provisoria, el 54,5% de las denuncias hechas desde la app. De ese conjunto, 103.085 causas habían sido cargadas por los denunciantes como robos o hurtos, los delitos que más pesan en ese flujo digital.
Si las fiscalías hubieran etiquetado esas causas, la estadística de robos y hurtos podría haber crecido hasta un 36% respecto de lo registrado, que fueron 284.018 IPP. El efecto es directo: un universo de entraderas, hurtos de cubiertas de autos, hurtos de celulares y robos de motos queda afuera de las estadísticas.
La app no es para urgencias: para eso sigue el 911. Tampoco implica que las denuncias sean falsas o carezcan de pruebas; el punto es que no se encuadran jurídicamente. Y cuando un delito no tiene nombre en la tabla, deja de ser visible para la política pública, para los vecinos y para el debate sobre seguridad.


