En Estados Unidos, una violación en grupo denunciada en la Universidad de Cornell, en Nueva York, volvió a encender el debate sobre la violencia sexual en los campus.
Miles de usuarios se volcaron a TikTok, X e Instagram con el hashtag #IAmJaneDoe para proteger el anonimato de la presunta víctima, una antigua estudiante de 20 años al momento de los hechos.
La ola de apoyo creció después de que el periodista Michael Tracey pidiera en redes que alguien revelara el nombre de la denunciante para evaluar su veracidad.
En una publicación vista casi siete millones de veces, Michael Tracey escribió: “A ver si alguien tiene las ‘bolas’ de dar nombre a esta Jane Doe para que todos podamos evaluar su veracidad, y la de sus abogados, ya que en su demanda no dudó en señalar y humillar a siete de sus compañeros tachándolos de violadores en grupo”.
La respuesta de las redes no se hizo esperar: miles de perfiles publicaron mensajes y vídeos en los que se presentaban como la denunciante, con el objetivo de defender el derecho de las víctimas a permanecer en el anonimato.
Una joven, en un vídeo que supera los cuatro millones de visualizaciones, lo resumió con dureza: “Él está intentando revelar su identidad, pero no se lo permitiremos”.
La presunta víctima dice haber sido drogada con ketamina, agredida y violada por siete miembros de la fraternidad Chi Phi, un club social para estudiantes varones, en 2024.
El caso no quedó en el terreno académico: las autoridades se negaron inicialmente a presentar cargos, pero la investigación se reabrió el lunes.
La gobernadora Kathy Hochul designó a la fiscal general del estado, Letitia James, como fiscal especial.
Cornell cerró la fraternidad y suspendió temporalmente a los estudiantes presuntamente implicados, varios de los cuales fueron posteriormente expulsados.
Las autoridades locales afirmaron que en 2024 no iniciaron un proceso judicial porque el testimonio de la denunciante no demostraba la falta de consentimiento de las relaciones sexuales.
El episodio reabrió una discusión incómoda sobre la cultura de las fraternidades, la respuesta institucional y la protección de las víctimas en las universidades estadounidenses.
Algunos medios compararon esta oleada con el movimiento #MeToo de 2017, cuando millones de mujeres compartieron historias de agresiones y acoso sexual tras las revelaciones sobre Harvey Weinstein, hoy preso.
Un estudio de 2020 de la Asociación de Universidades Estadounidenses, realizado en 33 centros educativos, indicó que una de cada cuatro estudiantes universitarias declaró haber sufrido contacto sexual forzado o contacto sexual para el que no pudo dar su consentimiento.
Mientras la identidad de la denunciante sigue siendo el centro de la disputa, el caso muestra que en Estados Unidos la batalla por la verdad también se libra en los hilos, los vídeos y los hashtags.


