viernes, octubre 2, 2026
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Pandanés cerró en Villa Crespo, despidió 150 y pedirá quiebra

Fuera de Entre Ríos, en Villa Crespo y Villa Devoto, la cadena Pandanés cerró sus 25 sucursales, despidió a 150 empleados y pedirá la quiebra. El golpe llegó de madrugada, cuando el personal recibió la noticia por WhatsApp el 2 de octubre y no pudo entrar a retirar sus pertenencias. La empresa cambió todas las cerraduras y dejó a los trabajadores afuera de los locales donde desarrollaban su trabajo.

La compañía explicó que venía atravesando una crisis financiera y que no encontró una salida viable para seguir operando. En el mensaje, reconoció que se quedó sin fondos para cumplir sus obligaciones y que el cierre abre una etapa que ya depende de un proceso judicial. Aseguró que su intención fue mantener el proyecto y preservar las fuentes de trabajo, pero que la situación terminó por volverse insostenible.

El viernes pasado ya habían cerrado las sucursales de Av. San Martín, en Villa Crespo, y de la calle Sanabria, en Villa Devoto. A los empleados les dijeron que el alquiler era muy caro y que no podían renovarlo. Ahora, el cierre total dejó en la calle a todo el personal y multiplicó la incertidumbre sobre salarios, aportes y indemnizaciones.

Un trabajador contó que estaban al tanto del concurso preventivo, pero que la empresa les había hablado de fondos de rescate de Dinamarca. «Andá a saber a qué hora de la madrugada se dedicaron a cambiar las cerraduras y tapar todo», relató, con las pertenencias adentro. Esa versión muestra la tensión entre lo que la firma comunicaba y lo que el personal vivió en los últimos días.

Los sueldos llegaron el miércoles, junto con el aguinaldo que debió pagarse en junio. Según el relato del trabajador, no se hicieron los aportes, no se pagó la obra social y mucho menos indemnizaciones. Para muchas familias, el cierre no fue solo la pérdida del puesto, sino la aparición de una deuda que ahora deberá resolverse en el marco judicial.

En la presentación judicial de noviembre del año pasado, la firma detalló que la incertidumbre, la recesión, la inflación y el aumento de costos provocaron una caída del consumo superior al 50% del volumen histórico. También reconoció cheques rechazados por unos 58 millones de pesos y un modelo de panificación artesanal con producción centralizada en una planta de 1.700 metros cuadrados. La frase fue dura: los cheques emitidos para cumplir obligaciones superaban la capacidad de recaudación.

La cadena había apostado a un negocio basado en el pan artesanal, con una operación centralizada que intentó sostenerse en un mercado cada vez más exigente. Las medidas correctivas, como la optimización de costos, no alcanzaron para frenar la caída del consumo. Ese consumo, que era el corazón del modelo, terminó por agrietar la estructura financiera.

¿Cuánto aguanta una cadena antes de que la crisis le cierre la puerta? En el caso de Pandanés, la respuesta llegó con una madrugada de despidos y un pedido de quiebra que ahora deberá procesar la justicia. Para los 150 empleados, el golpe no es solo económico: es la interrupción de una vida laboral y la incertidumbre sobre lo que viene.

La quiebra no borra la deuda ni la historia de un negocio que apostó al pan artesanal. Ahora, el futuro de los empleados y de los acreedores quedará en manos de la justicia, mientras la cadena se apaga en una etapa judicial que define el destino de los salarios y las deudas.

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