En la antesala de la visita del papa León XIV, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, soltó un diagnóstico que no busca adornos: el país llega herido, dividido y con una pobreza que duele en las entrañas. Lo dijo después de celebrar una misa en la Catedral Metropolitana, en la previa de la 52ª Peregrinación Juvenil a Luján, donde la Iglesia aspira a movilizar a más de un millón de personas.
“Se va a encontrar con una Argentina herida, una Argentina dividida, con esa famosa grieta. Yo la suelo mencionar como herida porque duele, duelen las entrañas del pueblo, una Argentina donde la descalificación y la intolerancia están a la orden del día”, sostuvo. No fue un gesto litúrgico: fue una lectura política, social y económica que cae justo cuando el Vaticano y el gobierno de Javier Milei intentan mostrar una visita ordenada y sin aspavientos. Acá, no alcanza con la foto.
El arzobispo también señaló que el Papa verá “una Argentina donde duele un porcentaje muy grande de hermanos que la están pasando mal, de hermanos muy pobres desde hace muchos años”. Y hasta convocó a su memoria: “Mi abuelo me decía: ‘Cuando vos crezcas, seguramente la Argentina va a salir adelante’. Yo ya crecí y la Argentina sigue en esa situación”. Ahí está el dato que no se puede esconder: la pobreza no es un accidente de coyuntura; es una herida larga.
El cronograma ya está puesto: el domingo 8 de noviembre, el Papa llegará por la tarde a Buenos Aires y ese mismo día se reunirá con el presidente Javier Milei en la Casa Rosada. El lunes 9 celebrará misa en el Monumento de los Españoles, en Palermo, y el 11 lo hará frente a la Basílica de Luján. El diseño busca una imagen de unidad, pero el fondo político no desaparece.
En la Casa Rosada reconocen que les preocupa que la oposición haga un uso político de la presencia del Papa, sobre todo en el encuentro con el mundo del trabajo en la UCA o en la recorrida por el Cottolengo Don Orione, en Claypole, donde viven unas 400 personas con discapacidades severas. Ahí, especulan, las palabras del Papa podrían usarse para criticar los recortes en discapacidad o el modelo económico. El oficialismo, en tanto, afirma que pondrá la otra mejilla y no confrontará.
La Iglesia, por su parte, no se calza la venda: los obispos destacaron el trabajo conjunto para organizar la visita, pero advirtieron que existen muchas discrepancias con la gestión de Milei. En las últimas semanas, los prelados cuestionaron los recortes de fondos en discapacidad, expresaron preocupación por la situación de los morosos y reclamaron por el proyecto de ley que regula las apuestas online, que el oficialismo mantiene congelado en el Senado después de la media sanción en Diputados. El canciller Pablo Quirno, en cambio, aseguró que “no había ninguna diferencia fundamental”. La distancia, entonces, no se resuelve con una foto.
Con todo, García Cuerva cerró con una nota de resiliencia: el Papa también se va a encontrar con una Argentina que no baja los brazos, con argentinos trabajadores que todos los días se levantan. Ese es el país que espera la visita: no un escenario de campaña, sino una sociedad que pide unidad, esperanza y políticas que no dejen afuera a los más pobres. La pelota, ahora, está en el juego.


