En Concordia se cruzaron dos imágenes que no alcanzan a convivir: de un lado, 20 toneladas de materiales reciclables que volvieron a la industria; del otro, el Campo del Abasto instalado de lleno en la discusión pública. La cifra la recuperaron trabajadores de la FACCyR, que desarrollan tareas de separación y recuperación en la Planta de Transferencia de la Zona Sur.
El dato aparece justo cuando vuelve a instalarse la pregunta incómoda: qué pasa con los residuos una vez que entran al sistema municipal, cuánto se recupera antes de la disposición final y qué lugar ocupan los recicladores urbanos. Los trabajadores de la cooperativa Mundo Reciclado sostienen que esa recuperación demuestra que existe capacidad para reducir la cantidad de residuos que terminan enterrados.
Al mismo tiempo, reclaman que esa tarea sea reconocida formalmente por el Municipio mediante un convenio de servicio que contemple remuneración y condiciones laborales adecuadas. El planteo fue llevado el martes a una reunión con funcionarios municipales, donde representantes de la FACCyR fueron recibidos por la secretaria de Gobierno, Patricia Pérez; el subsecretario de Legal y Técnica, Ignacio Del Valle; y el secretario de Servicios Públicos, Oscar Ramírez.
Según explicaron los recicladores, propusieron abrir una mesa de diálogo para discutir un sistema de gestión de residuos con inclusión social. Entre los puntos planteados aparecen el reconocimiento de los recicladores urbanos, un pago por el servicio que prestan, seguridad social, mejores condiciones de trabajo y participación en las instancias donde se definan las políticas de gestión de residuos.
También plantearon incorporar equipos técnicos que permitan mejorar la eficiencia del sistema y aumentar la cantidad de materiales que regresan al circuito productivo. “Es posible un sistema de gestión integral de los residuos, real y eficiente, con inclusión del sector del reciclado, lo único que falta es apertura y voluntad política”, expresaron trabajadores y representantes de la Federación durante el encuentro regional organizado en Concordia durante el pasado fin de semana.
El Campo del Abasto quedó en el ojo de la tormenta en la anteúltima sesión del Concejo Deliberante. El concejal Jorge Mendieta (PJ) cuestionó el funcionamiento del predio y sostuvo que, durante una recorrida, encontraron problemas en prácticamente todas las etapas del circuito. “No funciona prácticamente nada desde que entra uno al lugar hasta que termina”, afirmó.
Entre otras situaciones, Mendieta señaló que la balanza permaneció seis meses sin funcionar y que fue reparada después de que el bloque presentara un pedido de informes. Según explicó, durante ese período no se registró cuánto residuo ingresaba al predio ni cuánto era enviado a disposición final. También sostuvo que la planta de reciclado no funciona y que los trabajadores realizan tareas a la intemperie, manipulando bolsas de residuos sin guantes, ropa de trabajo, calzado ni otros elementos de seguridad.
En el sector de disposición final, Mendieta describió una acumulación de residuos de tres o cuatro metros de altura y maquinaria encargada de desparramarlos y enterrarlos. También afirmó haber observado vehículos particulares, carros y personas que ingresan al predio para recuperar materiales directamente de las montañas de basura. Según el concejal, actualmente “no se está reciclando ni el 20 % de los residuos que ingresan a la planta”.
La presidenta del bloque peronista, Carolina Amiano, no participó de aquella sesión por encontrarse en recuperación de una intervención quirúrgica, pero había recorrido previamente el Campo del Abasto junto a integrantes del bloque. En sus redes sociales, la concejal sostuvo que la recorrida dejó “una gran preocupación por su presente y su futuro”. Amiano señaló que la planta de tratamiento “no funciona como debería” y que la cinta transportadora está rota.
El Municipio no dio su versión sobre las críticas al Campo del Abasto. Ahí queda la tensión: por un lado, hay 20 toneladas que vuelven a la industria; por el otro, un sistema que sigue debatiéndose entre lo que se recupera, lo que se entierra y lo que falta para que el trabajo de los recicladores sea reconocido.


