En el campo, la polilla del tomate no avisa con nota: se mete en hojas, brotes y frutos y deja pérdidas que duelen. En Concordia, el INTA está probando una trampa solar para frenarla.
Investigadores de la Estación Experimental Agropecuaria INTA Concordia evaluaron durante dos campañas distintas alternativas para aumentar la captura de la Tuta absoluta, una de las principales plagas de los cultivos bajo cubierta.
Jorge Castresana, investigador del INTA Concordia, explicó que las trampas que combinaron luz LED azul de 470 nanómetros con feromonas sexuales registraron mayor cantidad de capturas.
En los ensayos también se compararon luces de 390 y 470 nanómetros, con y sin feromonas. La particularidad del dispositivo es que funciona con energía solar, sin depender de una conexión eléctrica convencional.
La mezcla de luz y feromonas apunta a mejorar el monitoreo de la plaga y a aumentar la eficiencia de las trampas. Detectar y capturar ejemplares puede ayudar al manejo del cultivo y a reducir la necesidad de aplicaciones de insecticidas.
El trabajo no aparece de la nada: tiene antecedentes en Concordia. En 2017, Castresana y Laura Puhl ya habían estudiado el uso de luces LED combinadas con feromonas para el control de esta plaga.
Aquel estudio también había obtenido mejores resultados con la luz de 470 nanómetros. Hoy, la trampa solar vuelve a poner sobre la mesa una herramienta sin conexión eléctrica y con foco en el control de la plaga: menos insecticida, más control.
La plaga no es un detalle menor para el productor: puede dañar distintas partes de la planta y terminar generando pérdidas en la producción. Por eso, cualquier herramienta que permita detectarla a tiempo se vuelve valiosa.
Además, la trampa solar tiene una ventaja práctica: no necesita una conexión eléctrica convencional. En un contexto donde el campo exige soluciones prácticas, esa independencia energética puede marcar la diferencia.
El dato no es menor: si la captura mejora, el manejo puede ser más preciso y la necesidad de aplicaciones de insecticidas puede bajar. No se trata de eliminar el producto químico de un día para el otro, sino de sumar una opción de control.
¿Y qué pasa con la luz? El estudio comparó 390 y 470 nanómetros, con y sin feromonas. El resultado vuelve a poner la luz azul de 470 nanómetros en el centro de la escena.
Ese recorrido ya venía desde 2017, cuando Castresana y Laura Puhl habían trabajado con luces LED y feromonas para controlar la Tuta absoluta. Ahora, la trampa solar lleva esa línea de investigación a un dispositivo más práctico.
En el fondo, la apuesta es clara: usar la luz, la feromona y el sol para que el productor tenga más información y menos sorpresas. En la pelea contra la Tuta absoluta, cada detalle cuenta.


