En Concordia hay una obra que parece estar a un paso del final, pero lleva tres años parada. La planta de agua registra un avance del 93%, y eso convierte la espera en un problema político, técnico y sanitario.
El legislador Cresto fue directo: los funcionarios nacionales tienen que venir a la ciudad, recorrer la planta y dar la cara. No alcanza con anuncios, dijo, ni con decir que se está trabajando. La pregunta que suena fuerte es simple: ¿qué falta y cuándo esta obra va a estar funcionando?
La obra no es un proyecto de papel: contempla una nueva planta potabilizadora, toma de agua sobre el río Uruguay, cisternas, estaciones de bombeo, acueductos y redes de distribución, con cerca de 37 kilómetros de cañerías. Es decir, infraestructura pesada, cara y necesaria para resolver el abastecimiento.
Por eso el reclamo de Cresto y Ávila no se queda en el gesto: piden un informe actualizado sobre la situación administrativa, contractual y financiera; las obligaciones pendientes; el equipamiento electromecánico, eléctrico y tecnológico que falta; el estado de las garantías y el cronograma para terminar la obra. Es pedirle a la otra parte que muestre los números, no solo las promesas.
Hay otro dato que complica la foto: la obra cuenta con financiamiento internacional. Según los fundamentos del proyecto, la prolongada paralización afecta el flujo de los fondos comprometidos y pone en riesgo los recursos necesarios para completar el porcentaje restante. Si eso se extiende, el costo no es solo político: también es económico.
El argumento central es que no se trata de arrancar de cero. Se trata de terminar una obra que ya está ejecutada en 93%. En ese marco, la bronca se entiende: hay vecinos esperando una solución definitiva al abastecimiento de agua, y una infraestructura prácticamente terminada que sigue parada. Acá, el vecino que espera agua tenés que saber qué falta.
El pedido final es concreto: que las autoridades nacionales responsables se constituyan en la planta, recorran las instalaciones, verifiquen el estado del equipamiento y definan las medidas administrativas, contractuales y presupuestarias para concluirla. No es un pedido menor, es el punto donde se separa el discurso del hecho.
La frase de Cresto pesa: esto no puede naturalizarse. No es un reclamo menor: es una advertencia sobre una obra que está a un tramo de estar lista, pero que sigue sin terminar. Y en Concordia, el agua no es un tema menor: es vida diaria.
En el reclamo, no aparece la respuesta de las autoridades nacionales. La pelota está en el medio, pero en Concordia la paciencia se mide en litros de agua y en años de espera.


