Se apagó una de las voces más grandes de la radio argentina. Oscar González “El Negro” Oro murió este viernes a los 74 años en Punta del Este, Uruguay, lejos de los estudios que lo hicieron ícono.
Hasta el momento se desconocen las causas del fallecimiento. El conductor llevaba tiempo instalado en Punta del Este y se había alejado de los medios de comunicación hace casi dos años. En 2025, contó que tenía dificultades físicas para moverse.
En julio de 2025, reveló que decidió no volver a viajar a Madrid, España, para visitar a sus hijos porque sentía que no le daba el cuerpo. “Son 17 horas de viaje y no lo soporto. Nunca voy a pedir asistencia, que me lleven en silla de ruedas porque me da vergüenza verme así”.
Ese mismo año había publicado mensajes que encendieron la preocupación: “Sacá el tiempo, la última reunión familiar no avisa”; “Haz esa sobremesa, la última comida juntos no avisa” y “respondé esa llamada, el último ‘ring’ no avisa”.
Su historia con el aire se remonta a los primeros años de la década del noventa, cuando una oyente de Radio Del Plata insistió con salir al aire. La mujer era Tita Merello, que le dijo: “No me interrumpas. Quiero decirte que tenés una luz especial y una voz divina. Aprovechala”.
Aquel consejo quedó como una brújula. Pocos años después, un millón y medio de personas lo escuchaban cada mañana en toda la Argentina, cuando se convirtió en una de las estrellas de Radio 10 en los primeros años del siglo XXI.
Al frente de El oro y el moro, su programa de la segunda mañana, informaba pero perseguía algo más: “Es alegría lo que buscamos volcarle a la gente y sobre todo hacerla sentir acompañada”, decía González Oro.
Nació en Mendoza el 16 de octubre de 1951, hijo de Ricardo y Tita, y hermano de Pedro, Ricardo y Armando. Se despidió con el corazón roto de su abuela María Luisa cuando la familia dejó Cuyo para instalarse en una pensión del centro porteño.
El “Negro” creció entre reglas de colegio católico en Mendoza y el mundo más ancho de la escuela porteña Mariano Moreno. Desde chico soñaba con los estudios de radio, aunque no imaginaba que terminaría ocupando el rol que lo hizo grande.
Su salud venía marcada por una enfermedad. El conductor Beto Casella reveló las palabras que González Oro le había dicho: “Estoy bien aunque la salud no me acompaña. Me cuesta trabajo caminar y mantener el equilibrio. El resto, bien”.
El dolor se volcó en mensajes. Eduardo Feinmann escribió: “Inmenso dolor. Te quiero, te querré siempre”, mientras Daniel Hadad, que fue su jefe y amigo, lo despidió con: “Negrito querido, te vamos a extrañar”.
Murió un hombre que convirtió la radio en un lugar de cercanía. Su voz no solo informaba: acompañaba, divertía y marcó una era. Queda una pregunta inevitable: ¿cuántas voces como la de González Oro quedan en el aire?


