jueves, septiembre 24, 2026
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El STJ confirmó el fallo por discriminación laboral en el Hospital Urquiza

El STJ de Entre Ríos le devolvió la razón a una trabajadora del Hospital Justo José de Urquiza. El fallo confirmó la discriminación laboral y rechazó la apelación del Ministerio de Salud. No es un detalle menor: una mujer quedó sin empleo, salario ni obra social durante su embarazo.

La frase que duele es simple: quedó sin empleo, salario ni obra social. No es una pérdida abstracta, es un golpe directo sobre una mujer embarazada, en un momento donde el cuerpo pide cuidado y el trabajo pide estabilidad. En ese punto, la sentencia del STJ no solo corrige un daño: le devuelve un piso de dignidad.

¿Qué pasó? El dato es claro: la trabajadora del Hospital Justo José de Urquiza perdió su lugar, su sueldo y su cobertura durante el embarazo. El Ministerio de Salud apeló, pero el STJ de Entre Ríos mantuvo la decisión: hubo discriminación laboral. Ahí no queda espacio para el cinismo burocrático: la ley no es un adorno, es una línea que separa el trato justo del abuso.

El peso de la sentencia está en lo que implica para el sistema de salud. No es un conflicto menor entre una empleada y una oficina: es una señal sobre cómo se trata a quien sostiene la asistencia sanitaria. Si una trabajadora embarazada puede quedar expuesta a la exclusión, el mensaje que se envía es terrible: la maternidad se convierte en un riesgo laboral.

La apelación del Ministerio de Salud muestra que la pelea no terminó en un despacho. En la práctica, el organismo apeló una decisión que, según el fallo, configuró discriminación laboral. Que la justicia provincial haya dicho que no a esa defensa es un recordatorio incómodo: no todo lo que sale de un organismo público es automáticamente correcto.

Para la trabajadora, el fallo es una reparación, pero no borra el tiempo. Perder empleo, salario y obra social durante un embarazo no es un trámite: es una herida que se lleva a la casa, a la familia, a la salud. La sentencia dice que hubo discriminación laboral, y esa palabra pesa. No es un hecho menor, es una decisión que castiga una condición que no se elige.

¿Y vos creés que un hospital puede ser un lugar de cuidado? Que este tipo de decisiones no se repita no es un capricho: es una necesidad. Si la obra social y el salario se cortan en el momento más vulnerable, el daño no se mide solo en números: se mide en salud, en miedo, en incertidumbre.

El fallo del STJ de Entre Ríos también tiene un efecto político. No se trata de hacer bandera de un conflicto, sino de señalar que las instituciones públicas deben responder por sus actos. Cuando un organismo de salud queda del lado de la exclusión, la sociedad entera pierde. La sentencia no es solo para una trabajadora: es un límite que se impone al poder.

La versión del Ministerio de Salud no aparece en el dato conocido; lo que está en pie es el fallo del STJ de Entre Ríos. Esa ausencia no quita el peso de la sentencia, pero deja una cuenta pendiente: saber qué va a cambiar en la práctica.

La otra cara es la responsabilidad de corregir. Si se confirmó la discriminación laboral, la pregunta incómoda es si el Ministerio de Salud va a revisar sus prácticas. ¿Y vos creés que alcanza con aceptar un fallo? Hay que cambiar la manera de tratar a quienes trabajan en salud. De lo contrario, la sentencia se vuelve una postal, y el problema sigue latiendo en la puerta de un consultorio, en un turno, en un expediente.

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