No lo disimula. Patricia Bullrich viene tejiendo, con paciencia y método, una distancia política respecto de la conducción de Karina Milei que ya no es un secreto en ningún despacho de Buenos Aires. La ex presidenta del PRO y hoy senadora de La Libertad Avanza tiene claro que su capital político es propio, y no piensa dilapidarlo en cada tropiezo del Gobierno.
El detonante más reciente fue el envío del Presupuesto nacional con recortes incluidos en la Ley de Discapacidad, un área políticamente sensible que nadie en la mesa política que conduce Karina Milei se había molestado en advertirle. “A mí me sorprendió porque estando en la mesa política el tema no salió a la luz y llegó el Presupuesto con esta introducción de cambios en la Ley de Discapacidad que no eran conocidos”, dijo Bullrich en declaraciones a radio Rivadavia. El golpe fue directo a Balcarce 50.
Las consecuencias no tardaron: las diputadas Silvana Giudici y Laura Rodríguez Machado, referentes del espacio bullrichista en la Cámara Baja, quedaron en una posición incómoda ante la oposición justo cuando intentaban elaborar un proyecto propio sobre Discapacidad. Bullrich lo resumió sin anestesia: “Cuando uno es jefe de una bancada y no se entera estando en esa mesa cómo van a venir exactamente las cosas, quedás o como un tonto o como que los engañás”.
Pero las diferencias van más allá de la coyuntura presupuestaria. El lunes, en el Colegio de Abogados de la Ciudad, Bullrich defendió la libertad de prensa en el mismo momento en que el Presidente redobla sus insultos a los periodistas. Ese mismo día fue una de las primeras en retirarse de la charla donde Milei les pedía a sus legisladores que no se dejaran “psicopatear” por los medios. En televisión también marcó terreno sobre el plan económico: “Lo que más me preocupa es que en este momento tengamos algunos sectores de la economía que están complicados: industria, construcción y comercio”, afirmó en TN, luego de que ni el Presidente ni Luis Caputo atendieran sus objeciones.
En su entorno la llaman “corchito” porque, dicen, “flota mientras todos se hunden”. La metáfora tiene sustento en los números: según la consultora Atlas-Intel, entre quienes votaron a Milei en la primera vuelta de 2023, el 17,9% lo evalúa hoy de manera negativa. Y en el promedio de encuestas que monitorea su equipo, la imagen de Bullrich se mantiene por encima de la del Presidente, conservando un 44% de valoración positiva en los últimos seis meses.
La estrategia tiene una lógica electoral clara: Bullrich evitó mimetizarse con el oficialismo a pesar de haber sido afiliada a LLA por la propia Karina Milei, y eso le permitió retener un electorado propio que la eligió en la primera vuelta. Con las elecciones de 2027 ya en el horizonte, esa independencia relativa deja de ser un gesto y se convierte en una apuesta concreta. Su agenda política, según su entorno, se intensificará en los próximos meses.


