El culebrón electoral de 2027 ya tiene su eje central: Javier Milei necesita que los aliados de la centro derecha le cedan la candidatura única del espacio, pero sus socios no están dispuestos a regalar nada gratis, y mucho menos en un momento en que las encuestas muestran al presidente con escaso respaldo.
Este martes se reabre el debate en la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado, con tres temas sobre la mesa: la reforma sin PASO, el proyecto de Ficha Limpia y un tercer proyecto que aligera la obligatoriedad de las primarias. Cualquiera de los tres puede encender el ambiente político en un momento en que el oficialismo ya está con los nervios a flor de piel.
La lógica del oficialismo es simple: si suspenden las PASO, evitan que el sistema mida el capital político real de cada actor. Pero los aliados leen la misma partitura al revés: precisamente porque las encuestas no acompañan a Milei, no ven por qué concederle una candidatura única sin garantías concretas de que eso les asegure supervivencia electoral en 2027.
En ese tablero, los delegados de Mauricio Macri siguen sosteniendo que creen en las PASO y que, hasta ahora, no ven razones para cambiar de criterio. Patricia Bullrich, que viene del palo y fue quien impulsó la reapertura de la comisión, admite que no están los votos para bajar las PASO, pero insiste en que el debate electoral tiene que abrirse desde ahora. Bullrich no ha abandonado su proyecto de competir por algún cargo ejecutivo el año próximo, y ese dato no es menor a la hora de entender sus movimientos.
Dentro del propio mileísmo, según el análisis que circula entre los aliados, empieza a percibirse una disidencia discreta entre lo que algunos llaman el mileísmo del bronce, encarnado en el presidente, y quienes le manejan la economía. El propio Milei, en la cumbre del IAEF en Misiones hace una semana, fue explícito: “Entré acá por el bronce, no voy a borrar con el codo lo que escribí con la mano”. La frase tiene un aura de quien siente que está jugando en otro registro que el de la negociación cotidiana.
El problema es que esa vocación por el bronce, cuando se transmite a los aliados que están evaluando si ceden o no la candidatura única, genera más dudas que certezas. La pregunta que se hacen en privado varios referentes del espacio no peronista es directa: si las encuestas no acompañan, ¿por qué resignar las primarias que permiten medir fuerzas reales antes de ir a la elección general?
El debate en el Senado de esta semana no resolverá el fondo del asunto, pero servirá de termómetro político. La discusión por Ficha Limpia, que irrita tanto al mileísmo como al peronismo, puede sumar tensión adicional a un escenario que ya está cargado. El mapa electoral de 2027 se está dibujando ahora, trazo a trazo, en cada sesión de comisión y en cada reunión de mesa chica.


