Un premio Nobel de Economía le pone nota al experimento argentino: interesante, pero incompleto. James Heckman, ganador del galardón en el año 2000 y uno de los economistas más citados del mundo, visitó la Argentina, recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad del Cema (Ucema) y participó del evento Vientos de Cambio, donde también estuvieron el presidente Javier Milei y los ministros Luis Caputo y Federico Sturzenegger.
El encuentro con Milei dejó una impresión positiva en el académico. “Milei tiene una mente muy activa, fue muy estimulante hablar con él”, dijo Heckman antes de partir de regreso a Chicago. Pero el elogio personal no lo cegó frente a lo que vio en el evento: optimismo en cantidad, propuestas concretas en falta.
“Mi impresión general fue de optimismo, esperanza y planes para cambiar las regulaciones”, señaló el economista, y de inmediato puso el pero: “Hubo menos detalles de los que me habría gustado ver. Fueron más declaraciones de principios generales que sobre políticas específicas”. En otras palabras, mucho relato de transformación y pocas líneas de acción medibles.
Lo que Heckman extrañó no es menor. El economista es mundialmente conocido por demostrar que la inversión en primera infancia —hasta los cinco años— genera los mayores retornos económicos de cualquier política pública: reduce la desigualdad, baja el crimen y mejora la productividad a largo plazo. Esa agenda, dijo, brilló por su ausencia en el evento. También reclamó más claridad sobre cómo se financiará y reorganizará la seguridad social.
En conversaciones privadas con miembros del gabinete, el Nobel propuso fortalecer la escuela intermedia y apostar por una fuerza laboral con habilidades prácticas —certificados, oficios de servicios— más allá del título universitario. Una agenda que, curiosamente, no choca con el espíritu desregulador del gobierno, pero que exige planificación y gasto focalizado.
Heckman también introdujo un concepto técnico que aplica directamente al momento argentino: la teoría del segundo mejor. La idea es que, cuando una economía acumula múltiples distorsiones, eliminar una sola de ellas no garantiza mejoras. “Si elimino una distorsión y quedan muchas otras, puede que el resultado sea incluso peor”, advirtió. Las reformas en seguridad social, mercado laboral y salud, sostuvo, deben avanzar en conjunto porque todas afectan el presupuesto.
La rectora de la Ucema, Carola Pessino, fue generosa al presentar al académico: dijo que Heckman “merecía dos premios Nobel”, uno por sus contribuciones teóricas y otro por las empíricas. Heckman figura en el tercer lugar del ranking mundial de economistas de RePEc/IDEAS 2026 y es el segundo más citado del planeta. Que alguien con ese peso académico se tome el tiempo de advertirle al gobierno que el optimismo no alcanza sin políticas concretas es, en sí mismo, un dato que vale la pena no ignorar.


