domingo, septiembre 6, 2026
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El economista que quiere que los ultrarricos paguen: claves del debate global

Los multimillonarios pagan, en promedio, el equivalente a apenas el 0,3% de su patrimonio en impuestos personales cada año. Proporcionalmente, menos que cualquier trabajador de clase media. Ese dato, que suena a escándalo pero está documentado con números, es el corazón del trabajo de Gabriel Zucman, economista francés, profesor de la Universidad de Berkeley y director del International Tax Observatory.

Zucman lleva más de una década desarmando el mecanismo por el cual el sistema fiscal global está diseñado, consciente o inconscientemente, para que las grandes fortunas y las corporaciones transnacionales eludan su carga impositiva mientras el peso de sostener los estados recae sobre las espaldas de los asalariados y las pequeñas empresas. No es una denuncia vaga: es un análisis con cifras, propuestas concretas y estrategias de implementación que ya están siendo usadas en foros internacionales.

Su nuevo libro, Por qué los multimillonarios no pagan impuestos sobre la renta y cómo vamos a ponerle fin, publicado en 2026 por Anagrama, se convirtió en fenómeno global casi de inmediato. No es casual: recoge buena parte de lo que el economista aportó como base técnica para los acuerdos del G20 bajo la presidencia brasileña de 2024, cuando por primera vez todos los países del bloque acordaron que los patrimonios extremadamente elevados deben tributar de forma más efectiva. Un hito, según el propio Zucman, que hace pocos años parecía impensable.

El diagnóstico es contundente: el impuesto sobre la renta falla exactamente donde más debería funcionar, en la cúspide. Los ultrarricos estructuran sus patrimonios de manera que no generan renta imponible visible en sus declaraciones. El resultado es una paradoja fiscal que, lejos de ser un accidente, es el producto de décadas de ingeniería legal y presión de lobbies. “La conexión entre la injusticia fiscal y la erosión de la democracia es difícil de ignorar”, sostiene Zucman, y el argumento tiene peso: cuando los que más tienen no aportan, los servicios públicos se degradan y la desconfianza en las instituciones crece.

El debate, según el economista, ya no gira en torno a si los multimillonarios deben pagar más, sino en torno a cómo lograrlo. Países como Brasil, España y Sudáfrica vienen construyendo apoyos para avanzar en esa dirección. En Francia, Bélgica, Suecia, los Países Bajos y Estados Unidos hay propuestas concretas en discusión parlamentaria. Y en California se votará en noviembre un impuesto sobre el patrimonio de los ultrarricos de hasta el 5% anual, iniciativa que está recibiendo una campaña de desprestigio millonaria financiada por los grandes nombres de Silicon Valley.

Zucman no es un recién llegado al tema. Sus libros anteriores, La riqueza oculta de las naciones (2014) y El triunfo de la injusticia (2021), escrito junto a Emmanuel Saez, ya marcaron agenda en el debate fiscal internacional. Lo que cambia ahora es la velocidad con que sus propuestas pasan del papel académico a la mesa de negociación política. El avance es real, aunque los intereses que se oponen también son reales, y tienen recursos prácticamente ilimitados para frenar cualquier cambio.

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